No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
Aunque los cristianos lleven dos milenios con la matraca de los milagros del nazareno demente, la historia indica que todo ello fue todo inventado por unos evangelistas con poca imaginación y mucho plagio.
En este siglo XXI se da una delirante paradoja. Millones de estúpidos analfabetos mentales creen a pie juntillas que una serpiente parlante engañó a un trozo de barro y a su costilla, que un beduino pederasta subió al cielo a lomos de su blanco corcel o demás estupideces religiosas solo aptas para subnormales profundos.