Los economistas neoliberales a sueldo de grandes
multinacionales, bancos y grupos de presión llevan décadas insistiendo machacona, pero
también mentirosamente, que los problemas del déficit público son debidos a que
los ciudadanos somos unos derrochadores y que la única solución consiste en
recortar y recortar los servicios públicos para que todos los países del mundo
acaben igualados a esas naciones del más sufrido Tercer Mundo, en donde impera
la ley de la selva y el “sálvese quien pueda”. Y sin embargo la realidad es
otra muy diferente: hay dinero de sobra para financiar los servicios públicos
de todo el mundo, siempre y cuando por supuesto todo el mundo pague los impuestos
que les corresponden.