Esta semana supuestamente ”santa” es quizás uno de los
momentos más disparatadamente irracionales del año, unas fechas en las que
adultos supuestamente sapiens ¡que risa! se visten de fantoches, cargan pesadas
ofrendas de repulsivos muñecos horriblemente torturados y dejan constancia para
la posteridad de su patética irracionalidad.




















