En este siglo XXI se da una delirante paradoja. Millones de estúpidos analfabetos mentales creen a pie juntillas que una serpiente parlante engañó a un trozo de barro y a su costilla, que un beduino pederasta subió al cielo a lomos de su blanco corcel o demás estupideces religiosas solo aptas para subnormales profundos.
















