La gran paradoja de la Religión y sobre todo de sus
representantes es que predican una falsa humildad, cuando la cruda realidad es que van
por el mundo haciendo gala de una infinita prepotencia.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
En este breve video un creyente cuenta como se convirtió en ateo: ¡pensando!