Habitualmente cuando alguien hace una afirmación
disparatada, estúpida y totalmente errónea suele encontrarse enseguida con la
mofa, la befa y el escarnio del resto de los presentes, salvo que por otra
parte esa delirante aseveración se refiera a serpientes parlantes, gorrinos
endemoniados, palomas extraterrestres violadoras, cocodrilos o elefantes
divinos y demás sandeces religiosas solo aptas para el consumo de los menos
agraciados intelectualmente de esta especie que casi nunca llega al mínimo de
su pomposo adjetivo: sapiens.


















