La religión es solo otra faceta cultural, ni más ni menos importante que cualquier otra manifestación de la psique y la sociología humana como puede ser el lenguaje.
Y lo mismo que no existe un idioma perfecto ni universal, porque todas las lenguas son variantes igualmente válidas de la capacidad humana de comunicarse, afinada por millones de años de presiones evolutivas.
Y lo mismo ocurre con la religión. No existe ninguna deidad real: ni Alá, ni Ganesha, ni Yahvé, ni Zeus; solo el complejo proceso evolutivo de la búsqueda de patrones, de la desesperada necesidad de explicar (aunque sea inventándose las más disparatadas “teorías” supernaturales) la complejidad de un Cosmos y una Naturaleza que supera con creces la limitada capacidad del cerebro humano individual, que solo a través de una búsqueda racional y colectiva mediante esa poderosa herramienta llamada Ciencia ha podido al fin comenzar a desvelar los misterios de una prosaica, a la vez que fascinante y compleja realidad en la que los mal llamados sapiens solo somos una más de las decenas de millones de especies que la ciega y atea selección natural ha ido moldeando a través de los eones.



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