Todo el mundo está de acuerdo con que el fanatismo religioso
es un grave problema del mundo moderno. Sin embargo, lo que mucha gente no
comprende es que la verdadera cuestión son los creyentes moderados, esos que en
principio no estrellan aviones contra rascacielos, no se inmolan en un mercado
o en colegio pero que sin embargo han logrado conseguir que la religión, TODA
la religión quede fuera del escrutinio público, que no pueda ser nunca cuestionada,
ni satirizada ni siquiera recibir ningún tipo de crítica (por muy suave que
ésta sea) ya que las creencias son “sagradas” y deben estar por encima de
cualquier escrutinio.