Si ya has tratado en tu blog el tema de cualquiera de los artículos que lees aquí, te animo a dejar en la sección de comentarios un enlace o URL que nos lleve hacia él, siempre y cuando no sea para hacer proselitismo de la superstición en cualquiera de sus variantes. Todos ganamos con el intercambio fomentando la discusión racional.

No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

Red Atea

Red de blogs AteosMagufos, Blogs de escepticismo y ciencia

Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento Crítico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento Crítico. Mostrar todas las entradas

9 de agosto de 2026

¿Creer en dios por si acaso? ¿Por qué no poner ajo en la puerta por si existiera Drácula?

Uno de los grandes (y por otra parte más estúpidos) "argumentos" de los creyentes es que siempre es mejor creer (aunque sea de mentirijillas) en dios ¡el cristiano por supuesto, que los demás son solo obra del Maligno para engañar a los herejes! por si acaso.

8 de agosto de 2026

La inevitable necesidad del ateísmo

En su etapa universitaria, el que más tarde sería reconocido como uno de los grandes poetas de la lengua inglesa: Percy Shelley escribió un demoledor tratado titulado "La necesidad del ateísmo" que provocó todo un terremoto intelectual en la Universidad de Oxford, que como todas las universidades británicas de aquella época era monolítica e irracionalmente cristiana.

7 de agosto de 2026

La ofensiva trampa que hacen los creyentes con sus dos dioses diferentes y antagónicos

Los
creyentes juegan tramposamente con dos barajas a la hora de hablar sobre su dios. Cuando les conviene afirman rotúndamente que el dios que puso en marcha el Big Bang y ya de paso todo el casi infinito Cosmos que está desvelando la Ciencia es incognoscible y que sus intenciones están más allá del pobre raciocinio de los humanos.

31 de julio de 2026

El miedo a la muerte de unos monos poco sapiens inventó a los dioses por pura cobardía intelectual

A pesar de lo que afirmen ¡sin prueba alguna! los pobres idiotizados de los creyentes los dioses fueron inventados por un cerebro de primate que bajo las inexorables leyes de la evolución tomó consciencia de su propia muerte y de que en el mundo había muchos peligros que quizás eran causados por algo o alguien.

27 de julio de 2026

Porqué la superstición funciona o cómo justificar la ignorancia y el autoengaño mediante el mal uso del concepto de probabilidad

A
lo largo de los años, cualquier adulto mínimamente sensato y racional se ha ido encontrando por el senda de la vida con múltiples individuos, que justifican la veracidad de ese conjunto heterogéneo en la forma, pero idéntico en su estructura interna de las supersticiones: la homeopatía y el resto de pseudomedicinas, las sanaciones milagrosas y demás alucinaciones inventadas a lo largo de los siglos por estafadores de todo pelaje para tranquilizar las almas y aligerar los bolsillos del incalculable número de simples mentales que abarrotan nuestro ya superpoblado mundo. 

26 de julio de 2026

Richard Dawkins sacudiendo conciencias en EEUU

El siempre interesante y racionalmente incisivo de Richard Dawkins impartió hace unos años en EEUU esta breve e irónica charla para sacudir un poco las conciencias de los adormecidos estadounidenses. Todo un ejemplo a seguir que desgraciadamente sigue siendo muy necesario y está de plena  vigencia en la actualidad.

25 de julio de 2026

El colmo del disparate: exorcistas advirtiendo sobre el peligro del más allá

A estas alturas del siglo XXI nadie puede sorprenderse de las casi infinitas formas que tiene el cerebro humano de engañarse con todo tipo de supersticiones. Pero lo que es más llamativo es que estúpidos ignorantes católicos adviertan de los peligros del mundo espiritual en el caso más paradigmático de ese viejo dicho castellano de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.

22 de julio de 2026

Esas completamente disparatadas supersticiones

Aunque
vivimos en el hipertecnológico siglo XXI no debemos olvidar que nuestro cerebro, modulado por la selección natural durante millones de años, tiene una más que natural predisposición a encontrar patrones, aún cuando estos no existan. Es por ello que la inmensa mayoría de la Humanidad ha desarrollado las más absurdas e increíbles supersticiones. 

21 de julio de 2026

Intentar enseñar a cantar a un cerdo no sirve para nada porque perderás el tiempo molestando al puerco

Hay
un viejo proverbio ruso que resume una evidente sabiduría: cualquier tipo de dialogo o razonamiento con los fanáticos, ignorantes e incultos de creyentes o negacionistas varios son esfuerzos totalmente baldíos, en los que el interfecto iletrado no aprende nada, mientras que por el contrario los hechos, los datos, la argumentación racional y el pensamiento crítico (facetas que son consideradas la cúspide de la Humanidad) solo sirven para enfadar al ignorante y para que estos pobres infectados con el virus de la fe o de la estulticia se sientan ofendidos, perseguidos e insultados en su más que evidente debilidad mental.
 

20 de julio de 2026

¿Científicos religiosos? ¿Y qué?

 

De vez en cuando aparece por este blog un creyente con lo que él considera el "argumento" definitivo, esa frase (cierta, sacada de contexto, adulterada o directamente falsa, porque en el fondo da lo mismo) de un gran científico, incluso un Premio Nobel o algunas de esas pocas docenas de mentes brillantes que ha dado la Humanidad como Newton o Einstein en la que el investigador presume de su fe (generalmente, aunque no siempre, cristiana) o muestra mayor o menor condescendencia o incluso admiración con el siempre más que irracional mundo de la superstición en su variante más dañina: la religión. Y yo no dejo de sorprenderme una y otra vez de lo poco que da de sí el más que limitado intelecto de estos cibernautas creyentes.

16 de julio de 2026

Creando fanáticos religiosos desde niños

Es más que probable que no haya nada peor en el mundo que corromper y destruir la mente de los más indefensos, los niños puesto que una vez conseguido inocular en los pequeños el monstruoso virus de la intolerancia religiosa poco o nada se puede hacer después. 

14 de julio de 2026

La religión es la gran (y cobarde) excusa para que la gente deje de pensar

La religión es con toda probabilidad la única faceta de la vida en la que la ignorancia se lleva y hasta se proclama con orgullo, ya que parece ser que no existe mayor virtud para un creyente que apagar su raciocinio y dejarse llevar por los escritos de profetas alucinados bajo cualquier mínimo examen psiquiátrico, reglas inventadas por analfabetos de hace siglos o milenios y que es más que evidente que no sirven para nada en una sociedad moderna del siglo XXI. 

11 de julio de 2026

Si dices estupideces no puedes esperar respeto intelectual ninguno


4 de julio de 2026

2 de julio de 2026

Hay muchas especies que tienen mejor visión que ese ojo humano que los iletrados afirman que fue tan «inteligentemente diseñado»

Aunque desde hace milenios todas las religiones afirman (sin prueba alguna por cierto) que los humanos somos los elegidos por la(s) supuesta(s) divinidad(es) inventadas por cada cultura, la más mínima reflexión racionalista basada en el estudio de la Naturaleza permite concluir que los supuestos sapiens solo somos una especie más (ni más importante o relevante que el resto) que habitualmente es superada en «diseño» por otras muchas.

25 de junio de 2026

¿Dónde está el libre albedrío de los niños de África para que dios les castigue de forma tan inhumana?

Los imbecilizados piadosos afirman con total rotundidad (y absoluta indigencia mental) que su "benevolente" divinidad nos concedió allá por el primigenio Jardín del Edén una cosa llamada libre albedrío para poder elegir entre el bien y el mal. Y después según el docto criterio de los mediadores de lo divino de las diferentes confesiones, cada ser humano será juzgado por sus buenas o malas elecciones en la Tierra. Sin embargo, para cualquier observador mínimamente racional que no esté infectado del siempre letal virus de la fe, este argumento tan ofensivamente infantil hace aguas por todas partes.

19 de junio de 2026

Autismo, teoría de la mente y religión

La
neurociencia está descubriendo que nuestro cerebro lejos de ser una entidad única funciona en la práctica como si contuviese diferentes módulos que han venido evolucionado en diferentes épocas del género Homo como respuestas adaptativas a diferentes presiones evolutivas.

17 de junio de 2026

Dios eligió la peor forma de todas las posibles para comunicarse con los humanos

Aunque el siempre ignorante rebaño cristiano afirme (sin prueba alguna por cierto) que una entidad omnisciente eligió a los humanos convertirnos en la cúspide de la creación, parece ser que el método que eligió para transmitir sus filias y sus fobias a los primates bípedos fue el peor posible de todos a la vista de los resultados, tal y como muy racionalmente explica en el siguiente video el siempre combativo Matt Dillahunty, capaz de destruir siglos de absurda y delirante teología en un par de minutos.

16 de junio de 2026

La homeopatía engaña a los ignorantes incautos, pero no al sistema inmune

Evolutivamente hablando, el cerebro humano ha sido afinado por la selección natural durante varios millones de años en la búsqueda y reconocimiento de patrones.  Y esta poderosa herramienta, que ha permitido no sólo la supervivencia sino también al incontestable éxito evolutivo de nuestra especie (triunfo que por cierto está llevando a la extinción a gran parte de la biodiversidad del planeta) tiene unas limitaciones que nos predisponen a la superstición en todas sus variantes. Y esta es la base de que las pseudomedicinas parezcan tener algún efecto, aunque el hecho de que nuestro cerebro se engañe de vez en cuando no significa que el resto de nuestro organismo también lo haga.

A la hora de tomar decisiones los humanos utilizamos en primera instancia el famoso «Sistema 1» de pensamiento identificado por los pioneros de la ciencia cognitiva Daniel Kahneman y Amos Tversky. Ese sistema, basado en intuiciones y sesgos cognitivos, fue absolutamente vital para nuestra supervivencia en nuestros entornos ancestrales, en donde la toma de decisiones tenía que ser lo más rápida posible y en presencia de escasos datos, puesto que cualquier dilación podía hacer terminar a nuestros antepasados como plato principal de la infinidad de depredadores que acechan en el siempre peligroso mundo salvaje.

Pero este sistema automático, emocional, estereotipado y subconsciente; que nos lleva en demasiadas ocasiones a confundir causalidad con casualidad, a tomar conclusiones precipitadas basándonos en unos pocos datos conocidos sin tomar en cuenta otros datos también disponibles o simplemente en nuestra limitada experiencia personal, exagerando el efecto de las primeras impresiones, es muy poco útil en la mayoría de las situaciones de la vida moderna, en donde ya casi no hay que tomar decisiones instantáneas ya que ahora nos solemos enfrentar a problemas complejos cuyos efectos pueden tardar demasiado tiempo en ser evidentes, como pueden ser elegir carrera universitaria, comprar una casa por una hipoteca que nos va a acompañar casi el resto de nuestras vidas o como el caso que nos ocupa, la siempre esquiva relación entre enfermedades y posibles tratamientos médicos.

Y aún así, en pleno siglo XXI cuando la ciencia moderna ha desarrollado un potente conjunto de herramientas (experimentos de laboratorio o con animales 

y ensayos clínicos aleatorizados de doble o triple ciego

que nos permiten superar estas evidentes limitaciones de nuestro pensamiento más rápido y emocional (al menos en la faceta sanitaria), millones y millones de personas en el mundo occidental siguen creyendo que las más diversas pseudomedicinas tienen poderes terapéuticos simplemente porque se hacen caso del remedio con que su amiga o vecino le aconsejan (aunque por supuesto la primera sea abogada y el segundo fontanero y no sepan diferenciar el páncreas del hígado o confundan un virus con una bacteria) o porque ese resfriado que ya empezaba a curarse de manera natural coincidió con la administración de una simples pastillas azucaradas.

Y aunque nuestro cerebro se deje engañar por esos sesgos tan profundamente incrustado en nuestra psique, otros elementos de nuestra fisiología no, tal y como muestra un trabajo publicado hace algunos  años en una revista científica. En el estudio se analizó el posible papel de las mal llamadas «vacunas homeopáticas» sobre el sistema inmune. Los investigadores seleccionaron a 150 estudiantes universitarios a los que se dividió en tres grupos diferentes de 50 componentes. El primer grupo fue el siempre necesario control, individuos que únicamente recibieron placebo en forma de pastillas e inyecciones. A un segundo grupo de adolescentes, que se consideró el control positivo, se le administraron dos de las vacunas habituales: la triple vírica frente a rubeola, sarampión y paperas y la vacuna contra tétanos, difteria y tosferina. Al tercer grupo se le inoculó las supuestas «vacunas homeopáticas» frente a los seis patógenos antes mencionados.

El primer resultado destacable es que el 37% de los individuos del grupo del placebo y el 38% de los integrantes del grupo homeopático presentaron algún efecto secundario entre una larga lista de lo más variado. Señal de que la simple indicación de un posible tratamiento, aunque sea ficticio, es capaz de desencadenar diversos tipos de reacciones. Hecho que demuestra el poderoso poder de sugestión de la mente humana. Por el contrario, en el grupo de vacunados realmente este porcentaje aumentó al 75% de los integrantes, efectos secundarios que se podían dividir en dos grandes grupos: los mismos que mostraron los de los anteriores grupos más los ligados a una verdadera vacunación: enrojecimiento de la zona vacunada o dolor en el músculo y en el brazo del pinchazo, señales compatibles con el desarrollo de una respuesta inmune frente a los patógenos inactivados que se inocularon.

Además, a todos los integrantes del estudio se les midieron los niveles de anticuerpos específicos contra los patógenos antes del inicio del estudio (puesto que muchos de ellos estaban previamente vacunados frente a estos virus y bacterias) para así obtener el valor basal. Y posteriormente se volvió a analizar sus niveles de anticuerpos específicos a las tres semanas del inicio de la prueba para determinar si los distintos preparados habían estimulado o no al sistema inmune. Los datos que se presentan en la siguiente gráfica son manifiestamente esclarecedores: 

Mientras que los niveles de anticuerpos frente a las bacterias y los tres virus habían aumentado significativamente en el grupo que habían recibido las verdaderas vacunas, los valores obtenidos en los individuos tratados homeopáticamente eran indistinguibles de los correspondientes a los del grupo placebo. Algo que venía a corroborar lo que cualquier persona mínimamente racional puede deducir de la simple lectura de la composición de los preparados homeopáticos: que son idénticos a los placebos, puesto que no contienen sustancia alguna que pueda desencadenar ninguna reacción medible, salvo la subida del nivel de glucemia si se abusa de estas pastillitas de azúcar.

En resumen, que la homeopatía puede engañar a los creyentes, pero nunca a esas más que eficaces células del sistema inmune que nos protegen de los siempre peligrosos patógenos.