A veces (desgraciadamente muy pocas veces) algún descerebrado acaba reconociendo en público su terrible y casi mortal error, tal y como acaba de pasar en Barcelona.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
A veces (desgraciadamente muy pocas veces) algún descerebrado acaba reconociendo en público su terrible y casi mortal error, tal y como acaba de pasar en Barcelona.