Estos cuarenta segundos son probablemente el alegato más demoledor contra esa absurda creencia que tienen muchos humanos de "pensar" (permítanme el eufemismo) que aunque
sufran las mayores desgracias y sus vidas sean de una absoluta misera sin parangón, sin embargo existen por el más allá deidades benevolentes que se
preocupan por ellos y les guardan un privilegiado sitio en ese absurdo (y más que aburrido) lugar
llamado cielo.


















