La interesante serie "Por mandato del cielo" tiene quizás el minuto más esclarecedor de esa más que opresiva
prisión en que consiste la religión: el hacer que unos niños sin capacidad alguna de
raciocinio sean adoctrinados en las delirantes supersticiones de sus padres.
Porque los absurdos delirios religiosos pasan de padres a hijos como una infección viral en el cerebro en
un momento en el que nadie puede cuestionarlos: la más tierna infancia. Y luego hay que,
como muy acertadamente indica el obispo mormón (pero para el caso da igual a
que absurdo dios se adore), pagar el diezmo físico, monetario y sobre todo intelectual para al final quedar convertido en un patético descerebrado zombi sin ningún
tipo de voluntad.



No hay comentarios:
Publicar un comentario