Comentarios sobre Ateísmo, Ciencia, Democracia, Ecología, Escepticismo, Pensamiento Crítico, Política, Racionalismo, Religión y Superstición
Si ya has tratado en tu blog el tema de cualquiera de los artículos que lees aquí, te animo a dejar en la sección de comentarios un enlace o URL que nos lleve hacia él, siempre y cuando no sea para hacer proselitismo de la superstición en cualquiera de sus variantes. Todos ganamos con el intercambio fomentando la discusión racional.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.
Red Atea
Buscar este blog
9 de septiembre de 2026
Una criminal paradoja: Los niños tienen toda la protección posible excepto en materia sanitaria
En el tema de las vacunas siempre queda un nunca resuelto y peligroso debate acerca de su obligatoriedad en contraposición a la supuesta "libertad" de los padres para decidir, aunque se errónea y hasta criminalmente sobre sus hijos.
Personalmente, en cuanto escucho en temas relacionados con la infancia el argumento de la "libertad de los padres" me echo a temblar, porque en la práctica esa "libertad" implica siempre la subordinación (y muchas veces el incumplimiento) de los más elementales derechos de la infancia (que además están recogidos en la legislación tanto nacional como internacional) a las creencias de los padres, por más estúpidas, irracionales o peligrosas que estas sean: civiles o religiosas.
Así a lo largo de los años debatiendo con internautas en diferentes foros y webs varias sobre el tema he obtenido básicamente tres tipos de "argumentos" contra las vacunas. El primero es que las vacunas son un negocio para las farmacéuticas, malvadas compañías que sólo quieren ganar dinero a costa de los ciudadanos. Poer lo más sorprendente de este patético "argumento" es que es defendido por personas que están conectadas a la web, es decir que han comprado un PC o un portátil a una multinacional informática, dispositivos que llevan de serie un sistema operativo Windows cada vez más malo, que seguramente disponen de un IPhone u otro smartphone de alta gama y que pagan religiosamente una tarifa plana a su compañía telefónica, empresas todas ellas (Acer, Apple, Toshiba, Microsoft, Telefónica o Vodafone) caracterizadas como todos sabemos por ser unas admiradas ONGs dirigidas por ascetas, monjes y hermanitas de la caridad, preocupados únicamente por el bienestar de los ciudadanos y que jamás piensan en balances y mucho menos en esos beneficios, a los que únicamente parecen ser adictas las empresas farmacéuticas y no el resto de corporaciones de otros sectores económicos.
Pero es que además esas mismas multinacionales que venden vacunas, también venden otra larguísima infinidad de medicamentos, tratamientos y equipamiento médicos que se utilizan frente a los mismos patógenos que cubren las vacunas, por lo que visto en perspectiva a estas compañías les saldría mucho más a cuenta (tanto en facturación como en beneficios) si por arte de magia los antivacunas convencieran a todo el mundo de no administrarse ninguna vacuna, porque en ese caso millones de personas (que actualmente no enferman y se salvan por los pocos euros que cuestan las vacunas) necesitarían a la postre largos, complejos y costosos tratamientos intra y/o extrahospitalarios ¿o es que ya nadie se acuerda de esos carísimos pulmones de acero que mantenían (en una por otra parte miserable vida) a esos miles de pacientes paralizados por el virus de la polio antes de inventarse su remedio vacunal? aparatos que en actualidad ya ni siquiera se fabrican porque no existe mercado para este tipo de productos.
Y por supuesto hay otro sector económico que se beneficiaría mucho de la desaparición de las vacunas, tal y como muy irónica pero certeramente expone en este video el siempre racionalmente ácido Dr. House:
El segundo argumento es el
de que no hay que imponer las vacunas, ya que es mejor convencer porque los
castigos son contraproducentes. Pero esta patética argumentación argumentación choca con la más elemental lógica social, porque si hay que convencer entonces ¿un padre puede llevar a sus hijos pequeños en el coche
sin la sillita reglamentaria?¿o un conductor puede saltarse un semáforo en rojo
o viajar a 300 km/h sin riesgo a ser multado porque siempre es mejor hacer pedagogía para que abandonen tan peligrosos comportamientos tanto para
ellos como para el resto de sus convecinos? Lo que parecen no entender estos "moderados
educadores" tan refractarios a la represión es que vivir en sociedad implica
un recorte diario y constante de las libertades individuales en pos del conjunto de la sociedad que necesita de una imposición cotidiana de normas, porque con solo pedagogía una persona podría orinar o defecar en donde le plazca, podría tirar
la basura a la calle por la ventana, agredir a quien nos caiga mal porque se ha colado en la cola de un cine o de un supermercado. Porque la realidad es que vivir en sociedad es estar sujeto a un
inabarcable conjunto de regulaciones, leyes
y normativas que limitan nuestra "libertad" individual para hacer posible la
convivencia de millones de personas en nombre de un bien común.
Y el tercer argumento principal es que imponer las vacunas llevará
inexorablemente a una especie de"dictadura" de los expertos, que anula la
capacidad de elección de los ciudadanos. Y yo me pregunto ¿estos individuos
viven en un poblado yanomami en medio de la selva del Amazonas o como los aborigenes de Nueva Guinea Papúa? Porque en el
mundo desarrollado llevamos décadas cuando no siglos viviendo bajo el control de los
expertos ¡y menos mal!, profesionales que regulan en la práctica todos y cada uno de nuestros actos desde desde
el nacimiento hasta la muerte y desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Dejando de lado el tema del tráfico rodado anteriormente citado, los expertos impiden que se pueda una bloque de 20 alturas en donde el dueño del terreno le parezca bien, ya que unos peritos obligan
a construir de una manera determinada y con unos materiales especiales para que
la estructura sea resistente. Tampoco se puede tirar la basura o los restos
fecales a la calle como he indicado antes porque otros especialistas dicen que eso aumenta las
probabilidades de epidemias entre la población. Por supuesto infinidad de técnicos varios regulan (y ¡pobres de nosotros si hacen mal su trabajo!) la calidad del
agua, del aire, de la comida, de los transportes que usamos y ya de paso de todos y cada uno de los
productos que compramos o utilizamos desde que nos levantamos por la mañana
hasta que nos acostamos al anochecer. Porque aunque muchos no se paren a pensarlo,
vivimos en un mundo regulado por un larguísimo número de normas y leyes basadas
en el conocimiento científico que nos permiten vivir bastante confortablemente
sin tener que preocuparnos si la TV o el flamante coche que hemos comprado, el avión en el que
viajamos, la carne o el pescado que comemos o la casa en la que vivimos son adecuados y seguros y por ello no acabamos estafados, heridos o hasta muertos porque esos miles de objetos y
servicios que nos rodean a diario cumplen con unas cada vez más estrictas normas de
seguridad reguladas por ley y extraídas de nuestro cada vez mayor conocimiento científico-tecnológico.
Y sin embargo en quizás uno de los temas prioritarios de
nuestra vida, nuestra salud tanto individual como colectiva debemos paralizar todo este
conocimiento científico-técnico obtenido gracias al esfuerzo de millones de investigadores
y médicos a lo largo de los dos últimos siglos y dejar en manos de la "libertad"
de elección de un padre que, aunque se preocupe mucho por su
descendencia y trabaje como un mulo para dar lo mejor a sus vástagos, puede que
sea incapaz de diferenciar un virus de un tomate o una bacteria de una sardina. ¡Misterios de la democracia mal entendida!
Y ya finalmente para terminar simplemente recordar un hecho
clave que parece que siempre olvidan todos los interesados e ignorantes antivacunas
del mundo: un niño tiene sus propios derechos, ya que no es una mera posesión de
sus padres como si fuera una cabra o una vaca, y entre ellos está el derecho
fundamental a recibir una atención médica adecuada. Y este derecho debe estar
por encima de la libertad de actuar irresponsablemente de los padres tal y como
lo recoge la Convención
de los Derechos de los Niños. Es más, no vacunar a un hijo es tan maltrato
infantil como hacerle pasar hambre, encerrarle en el sótano o agredirle física
o mentalmente y como tal debería estar perseguido por la ley en cualquier país
del mundo que quiera considerarse mínimamente civilizado.
Aprendamos del papado. Hace 200 años establecieron la vacunación obligatoria contra la viruela, con especial énfasis en vacunar a los bebés e infantes, los más vulnerables a la viruela. Historical Papal Champions of Early Vaccination The Catholic Church’s support for vaccination dates back to well before the advent of modern medicine. As early as the 1720s, Jesuits were inoculating indigenous populations in the Amazon against smallpox. (A procedure called variolation involving inoculation with a milder form of smallpox.) A significant milestone occurred in 1757 when Pope Benedict XIV personally received the smallpox inoculation, setting a powerful example for Catholics worldwide. This papal action demonstrated an early understanding of the importance of preventive medicine, particularly remarkable given the limited scientific knowledge of the era.
The early 19th century marked a turning point in the Vatican’s approach to public health. In 1822, under Pope Pius VII, the Papal States initiated a comprehensive vaccination campaign against smallpox. Cardinal Secretary of State Ercole Consalvi issued a detailed decree outlining the vaccination strategy, describing smallpox as a disease that “maliciously robs man of even a minimal life […] and rages against the human species to destroy it at its infancy.” This campaign was revolutionary, as it made the Vatican the first sovereign nation to implement a vaccine mandate. (Massachusetts passed the first law regarding vaccination in 1810.)
Pope Pius VII recognized vaccination as “a precious discovery which ought to be a new motive for human gratitude to Omnipotence.” His successor, Pope Gregory, continued this tradition by making vaccines obligatory for prisoners in the Papal States and establishing the Special Congregation of Health in 1834. Throughout the 19th century, priests accompanied people to get the smallpox vaccine. They served as trusted intermediaries between medical authorities and local communities, much like Community Health Workers do today.
Vatican-Scientific Collaboration Through the Ages The partnership between Catholic clergy and medical professionals played a crucial role in overcoming vaccine hesitancy. In Italy’s Apulia region in 1810, priests and physicians collaborated to promote vaccination, with many clergy personally administering vaccines. This collaboration reached its zenith in 1822 with the establishment of municipal vaccination councils that included representatives from the clergy.
Luigi Sacco, a pioneer of smallpox vaccination in Italy, recognized the essential role of the clergy in building public trust. In 1824, he was awarded membership in the Golden Spur, an honor conferred on those who dedicated themselves to spreading the message of the Church, specifically for his contributions to mass vaccination campaigns. This recognition exemplifies the Vatican’s value and reward for scientific contributions to public health.
Pope Francis and the Modern Vaccine Movement In our contemporary era, Pope Francis has emerged as a powerful advocate for vaccines, particularly during the COVID-19 pandemic. When COVID-19 vaccines became available in early 2021, Pope Francis was among the first world leaders to receive the vaccine, along with Pope Emeritus Benedict XVI. This act of leadership sent a clear message about the Vatican’s position on vaccination.
Aprendamos del papado. Hace 200 años establecieron la vacunación obligatoria contra la viruela, con especial énfasis en vacunar a los bebés e infantes, los más vulnerables a la viruela. Historical Papal Champions of Early Vaccination
ResponderEliminarThe Catholic Church’s support for vaccination dates back to well before the advent of modern medicine. As early as the 1720s, Jesuits were inoculating indigenous populations in the Amazon against smallpox. (A procedure called variolation involving inoculation with a milder form of smallpox.) A significant milestone occurred in 1757 when Pope Benedict XIV personally received the smallpox inoculation, setting a powerful example for Catholics worldwide. This papal action demonstrated an early understanding of the importance of preventive medicine, particularly remarkable given the limited scientific knowledge of the era.
The early 19th century marked a turning point in the Vatican’s approach to public health. In 1822, under Pope Pius VII, the Papal States initiated a comprehensive vaccination campaign against smallpox. Cardinal Secretary of State Ercole Consalvi issued a detailed decree outlining the vaccination strategy, describing smallpox as a disease that “maliciously robs man of even a minimal life […] and rages against the human species to destroy it at its infancy.” This campaign was revolutionary, as it made the Vatican the first sovereign nation to implement a vaccine mandate. (Massachusetts passed the first law regarding vaccination in 1810.)
Pope Pius VII recognized vaccination as “a precious discovery which ought to be a new motive for human gratitude to Omnipotence.” His successor, Pope Gregory, continued this tradition by making vaccines obligatory for prisoners in the Papal States and establishing the Special Congregation of Health in 1834. Throughout the 19th century, priests accompanied people to get the smallpox vaccine. They served as trusted intermediaries between medical authorities and local communities, much like Community Health Workers do today.
Vatican-Scientific Collaboration Through the Ages
The partnership between Catholic clergy and medical professionals played a crucial role in overcoming vaccine hesitancy. In Italy’s Apulia region in 1810, priests and physicians collaborated to promote vaccination, with many clergy personally administering vaccines. This collaboration reached its zenith in 1822 with the establishment of municipal vaccination councils that included representatives from the clergy.
Luigi Sacco, a pioneer of smallpox vaccination in Italy, recognized the essential role of the clergy in building public trust. In 1824, he was awarded membership in the Golden Spur, an honor conferred on those who dedicated themselves to spreading the message of the Church, specifically for his contributions to mass vaccination campaigns. This recognition exemplifies the Vatican’s value and reward for scientific contributions to public health.
Pope Francis and the Modern Vaccine Movement
In our contemporary era, Pope Francis has emerged as a powerful advocate for vaccines, particularly during the COVID-19 pandemic. When COVID-19 vaccines became available in early 2021, Pope Francis was among the first world leaders to receive the vaccine, along with Pope Emeritus Benedict XVI. This act of leadership sent a clear message about the Vatican’s position on vaccination.