Marruecos es una teocracia islámica, en donde el rey representa el culmen de la represión y la corrupción, ya que se estima que acumula un patrimonio superior a los 5.000 millones de euros. Eso en un país donde la mayoría de los trabajadores tienen un sueldo que no sobrepasa los 300 euros al mes y en donde la población no tiene posibilidades reales ni de vivir dignamente ni de poder expresarse con libertad, puesto que el régimen casi medieval censura prácticamente toda actividad que considere “peligrosa” y reprime (a veces muy violentamente) a los osados que intentan protestar.
Es por ello que no hace falta nada para que los ciudadanos desesperados intenten salir de esa prisión llamada Marruecos dirigida por el sátrapa coronado.



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