Y uno de los últimos casos documentados de un pueblo oprimido que encuentra a su ”salvador” fueron los indios payutes que allá por el 1880, cuando estaban más oprimidos recibieron a su mesías en forma de Wovoka, un chamán y líder espiritual que copiando la mitología de los cuáqueros y mormones (lo mismo que hicieron los primeros cristianos del siglo IEC con otras religiones más antiguas, porque en el tema de las creencias todo está inventado y huele en demasía a mohoso) tuvo visiones después de un eclipse de sol, sobre la victoria final de los amerindios sobre los blancos, la vuelta de los bisontes y la recuperación de la forma tradicional de vida indígena sin la interferencia blanca ¡el paraíso terrenal!.
Todo ello inspiró la aparición del movimiento milenarista de la Danza de los espíritus. Aunque el chamán nunca abandonó su Nevada natal, su profecía se extendió rápidamente de boca en boca como la pólvora entre las comunidades nativas, traspasando las fronteras étnicas de los payutes e importantes dirigentes de otras tribus como los cheyenne y los sioux la adoptaron.
Pero tras la masacre de Wounded Knee en 1891, cuando un grupo de sioux fue exterminado por los soldados estadounidenses, a pesar de llevar las camisas espirituales que supuestamente les protegían de las balas, el movimiento se disolvió.
Lo único que diferencia a Wovoka de Jesucristo es que nadie décadas después modificó su relato de salvación original para convertirlo en una promesa eterna, pero nunca cumplida, tal y como lleva ya dos milenios de espera el adocenado rebaño cristiano.



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