En 1994, el estado de Alabama hundió en aguas del Golfo de México 100 tanques de combate M60 retirados del servicio militar.
Lo que comenzó como una forma rápida y barata de deshacerse de vehículos obsoletos se convirtió en un exitoso experimento ecológico cuyos resultados siguen sorprendiendo más de 30 años después.
Porque las oxidadas carcasas militares se han convertido con el tiempo y la ayuda de la siempre ahorradora selección natural en fascinantes arrecifes artificiales rebosantes de una enorme diversidad de especies marinas.
Por supuesto que la transformación no ocurrió de inmediato. Durante las primeras semanas aparecieron bacterias y algas microscópicas que cubrieron la superficie metálica. Después llegaron percebes, gusanos tubícolas y pequeños invertebrados. Con el paso de los años, las esponjas, corales blandos y otros organismos terminaron colonizando casi por completo el acero.
Ese proceso, conocido como sucesión ecológica, convierte lentamente un tanque de guerra en un ecosistema marino cada vez más complejo.
Actualmente, los buceadores que visitan estos sitios suelen encontrar pargos rojos, meros, jureles y otras muchas especies de arrecife que se han adaptado a utilizar los antiguos vehículos militares como refugio permanente.





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