Y así, una persona que ha aceptado en el “fondo de su corazón” que un extraterrestre fruto de la violación de una mozalbete judía por parte de una paloma sideral o que cree en lo más profundo de su ser que un beduino pederasta fue elegido por la deidad puede al final convertirse en el peor criminal, torturador o asesino de todas aquellas mentes libres que no aceptan sus delirantes estupideces.
Es por ello que, lo mismo que en muchos países está considerado un delito la apología del holocausto, del genocidio, del infanticio o de cualquier otro repugnante delito, tiempo racional llegará en el que una sociedad moderna, igualitaria y justa considerará delincuentes dignos de cárcel o de psiquiátrico (dependiendo de la verdadera credulidad o no de las creencias) a todos aquellos que creen y justifican mitologías que van en contra de los más elementales derechos humanos.



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