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7 de enero de 2012

El partido republicano estadounidense contra la ciencia


Es más que evidente que en cualquier periodo de la Historia las naciones dominantes han sido las que han desarrollado más eficientemente la ciencia y la tecnología de su momento. Pero cuando la exclusión religiosa se impone en estas mismas sociedades se socavan los pilares de esa hegemonía y rápidamente se produce la decadencia del país. Un caso paradigmático fue el fulgurante ascenso y posterior decadencia de la monarquía hispánica medieval. Mientras el país fue lo suficientemente tolerante, se formaron grandes marinos patrios o se reclutaron a los más hábiles navegantes extranjeros que fueron la base del poderío imperial de los primeros Austrias. Después cuando la intolerancia y el fanatismo religioso católico expulsaron o eliminaron a los habitantes más valiosos o inquietos dejando al resto de los súbditos en una sociedad aislada y obsesionada únicamente por la pureza de la sangre y el misticismo religioso se produjo el inevitable declive. Ya se sabe que tanto beato ocioso y parasitario es muy negativo para el desarrollo de un país.
Pues bien, ese mismo patrón parece que se está empezando a reproducir en los EEUU. Dicho país que ha forjado su hegemonía mundial gracias a unas condiciones únicas de desarrollo intelectual permitiendo atraer durante el último siglo a los mejores talentos científicos del mundo se está volviendo una tierra inhóspita para los científicos. A lo largo de las últimas décadas, el partido republicano ha ido derivando cada vez más hacia las posiciones extremistas y dogmáticas del electorado ultrareligioso protestante cada vez menos minoritario de tal forma que en la actualidad no existe no sólo ningún candidato presidencial republicano no ya favorable a la ciencia sino ni siquiera neutral a la misma. Con el famoso “Tea Party” a la cabeza los fanáticos religiosos no sólo ha conseguido que todos los candidatos hagan fe vergonzosamente pública de su papanatismo religioso tal y como comenté en una entrada previa, sino que han logrado que esos posibles futuros presidentes de la nación más desarrollada del mundo muestren una increíble agresividad dogmática y cazurra contra la ciencia. Muchos de ellos además son literalistas bíblicos, es decir que toman como verdad el génesis y por tanto niegan todos los descubrimientos científicos que han hecho posible el nivel de vida actual en el mundo desarrollado. Si estos fanáticos consiguen llegar al máximo poder, no olvidemos que ya controlan algunos estados, ¿cómo van a formarse buenos científicos autóctonos o seguir atrayendo a los mejores investigadores extranjeros? Y sin ellos el declive norteamericano estará servido.

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