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17 de febrero de 2026

La religión no es amor, es control social a través del miedo y la ignorancia

Aunque los creyentes afirman que en la religión todo es amor, el más leve análisis racional muestra que la religión es simplemente una forma muy efectiva de control mental, un control basado en la ignorancia del creyente y en el miedo a ser castigado por una entidad omnisciente y todopoderosa ¡el gran dictador galáctico! a no ser que por supuesto se le rinda servil pleitesía a esos autodenominados mediadores de lo divino, farsantes sin escrúpulos cuya única obsesión en parasitar al siempre ignorante rebaño religioso mientras se le mantiene dócil y manipulable para los dueños del poder continúen explotando como siempre a una ciudadanía apática y aborregada.

En resumen ¡cuanta razón tenía Marx!

 

16 comentarios:

  1. Entiendo tu crítica: la historia muestra que la religión puede usarse como instrumento de control, algo que ya señaló Karl Marx. Pero reducir toda experiencia religiosa a manipulación basada en ignorancia y miedo es una simplificación muy burda. No toda fe es sumisión ciega ni todos los creyentes son “rebaño”. La religión ha servido tanto para legitimar abusos como para inspirar movimientos de justicia y solidaridad. El problema no es solo la religión, sino el uso del poder y el dogmatismo, algo que puede darse en cualquier ideología. Si buscamos un análisis racional, conviene evitar explicaciones tan absolutas como las que criticamos.

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    1. La religión sirve de justificación para todo. Pero lo que hay que ver es el porcentaje de su uso o la misión fundamental de la religión en la historia.

      Siempre que digo por ejemplo que el cristianismo es anticientífico algún creyente me replica que tal o cual o incluso media docena de sacerdotes han sido excelentes científicos ¡y es cierto!

      Y yo siempre respondo lo mismo: de los millones de sacerdotes cristianos en sus variadas confesiones que han vivido a lo largo de la historia el 99,99999999999999% de ellos (salvo los que me comenta el interfecto y quizás otras docenas o incluso algunos cientos más) han dedicado su vida a transmitir miedo y sometimiento, han cercenado el espíritu crítico y el racionalismo de la gente y han perpetuado la ignorancia de los creyentes, justificando su opresión por parte de los poderosos.

      Otro ejemplo es cuando los creyentes afirman que su religión (generalmente la cristiana) es muy compasiva y ayuda los pobres. Y es cierto que por ejemplo la Iglesia Católica española da anualmente varios millones de euros a Cáritas y otros tantos a congregaciones religiosas para ayudar a los necesitados. Pero cuando se va a los datos completos se observa que esa misma iglesia recibe miles de millones al año de los poderes públicos, se le perdonan impuestos, se le regalan solares para construir iglesias cuya construcción también pagamos todos los españoles, se les mantiene gratuitamente sus preciosas catedrales aun cuando luego esa misma iglesia cobra a los ciudadanos por su visita y etc., etc., etc.

      Es decir que con esos criterios tan laxos se podría decir que la Mafia, la Camorra o los cárteles mexicanos son organizaciones implicadas en la justicia social porque siempre alguno de sus miembros dona 1 o 20 millones de euros a caridad, o a mejorar la vida de los habitantes de tal o cual lugar o para construir un hospital pediátrico.

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    2. Por ello cuando dices que “La religión ha servido tanto para legitimar abusos como para inspirar movimientos de justicia y solidaridad” te quedas como en los casos que he comentado antes en la excepción, en ese árbol que no te deja ver el bosque, porque por cada sacerdote comprometido de la teología de la liberación o similar a lo largo de la historia, han vivido cien o mil pertenecientes al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo y al resto de congregaciones “conservadoras” que en muchos casos se pueden catalogar directamente de medievales o incluso fascistas, cuyo comportamiento está absolutamente entroncado con la verdadera misión de la religión: controlar al rebaño y perseguir al que intente pensar o rebelarse.

      Por lo que al final mi argumento sobre la completa toxicidad de la religión sigue siendo correcto.

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    3. Entiendo tu argumento: no te refieres a casos aislados, sino a lo que consideras la tendencia dominante en la historia. Pero ahí es donde tu tesis se vuelve discutible.

      Primero, afirmaciones como “el 99,9999% del clero ha transmitido miedo y sometimiento” son retóricas, no datos verificables. Convertir una percepción histórica en una cifra casi absoluta debilita tu postura, porque transforma una crítica legítima en una generalización imposible de demostrar.

      Segundo, que una institución reciba privilegios o esté entrelazada con el poder, como ocurre en el caso de la Iglesia Católica en España, puede ser criticable políticamente, pero eso habla de su relación con el Estado, no prueba que la “misión esencial” de toda religión sea el control mental. Muchas instituciones no religiosas (partidos, sindicatos, ONGs, empresas) también reciben fondos públicos, gozan de ventajas fiscales o actúan con doble discurso. El problema ahí es el poder y su gestión, no necesariamente la dimensión religiosa.

      Tercero, si miramos la historia completa, el cristianismo no ha sido solo inquisición o alianza con élites. También ha producido universidades medievales, hospitales, movimientos abolicionistas y corrientes como la teología de la liberación. Que existan corrientes conservadoras como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo no convierte automáticamente a toda la tradición en un proyecto monolítico de dominación. Las religiones son campos de disputa interna, no bloques ideológicos uniformes.

      Por último, tu comparación con la mafia parte de una diferencia clave: en el crimen organizado la actividad principal es delictiva por definición. En la religión, la actividad principal para millones de personas es simbólica, ritual, ética y comunitaria, no coercitiva. Que haya abusos graves y estructuras de poder criticables no convierte automáticamente toda experiencia religiosa en tóxica.

      Tu crítica señala problemas reales: clericalismo, alianzas con el poder, uso del miedo. Pero afirmar que la “verdadera misión” de la religión es controlar y perseguir reduce un fenómeno histórico y cultural enormemente complejo a una sola causa. Eso es una interpretación posible, pero no una conclusión demostrada.

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    4. “En la religión, la actividad principal para millones de personas es simbólica, ritual, ética y comunitaria, no coercitiva”

      Desgraciadamente veo que el virus de la fe te ha infectado intelectualmente como a muchos otros.

      El que una persona perciba esos calificativos no implica que sean verdad. Un ejemplo muy simple. En la actualidad hay muchas mujeres de origen musulmán (adolescentes incluso con las que te puedes cruzar, no en Afganistán sino en una calle de Madrid o de Berlín) que consideran que el velo, el hijab o incluso ir tapadas como en carnaval con un burka es símbolo de "autodeterminación”, de “liberación” y fruto de una elección “libre y personal” ¡menuda risa! si no fuera tan trágico. Pero en el fondo es puro y duro acondicionamiento mental y maltrato psicológico, ya que te recuerdo el famoso Síndrome de Estocolmo, ligado en este caso a generaciones de mujeres secuestradas mentalmente por el dominio patriarcal.

      También hay otras mujeres (porque la mayoría de las veces el santo varón barbudo no tiene ni que estar y ni siquiera que decir lo que está “bien”) que “libremente” le cortan el clítoris a sus hijas o nietas para que así sean unas buenas esposas y madres en el futuro . Así que no me vengas con monsergas sobre el “bienestar” que perciben los infectados por la religión.

      Cuando una persona percibe que una situación que les daña les da tranquilidad, felicidad o paz es solo porque son unos pobres esclavos mentales. Ahí tienes ahora a todos esos estúpidos fachapobres que, sin tener donde caerse muertos y depender de la justicia social, no solo votan sino que pelean a muerte para que ciertos miserables suban al poder para que luego les quiten la sanidad, la educación, los derechos laborales y el resto de logros sociales conseguidos con el esfuerzo y muchas veces con la sangre de muchos y volver al tenebroso siglo XIX capitalista. Mira los videos de los “MAGA morons” de los USA, pero también de la Argentina cuando algunos ahora empiezan a darse cuenta de que ellos son la “casta” y que no habían votado para joderse la vida y quizás dejar morir de cáncer a su propio hijo.

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    5. Y en este contexto recuerdo el hecho de que cuando las tropas yanquis, tras la Guerra de Secesión, iban a las plantaciones del profundo Sur a liberar a los esclavos, muchos de ellos no querían irse, querían quedarse y seguir sirviendo a su amos, porque era la única forma de vida que habían conocido desde generaciones.

      Entonces, según tu tan neutral criterio la esclavitud era “simbólica, ritual, ética y comunitaria, no coercitiva” ya que seguro que les generaba a esos siervos muchas endorfinas y más paz mental al estar rodeados de otros esclavos con los que compartir sus miserias, ayudarse en sus penurias y no tener que buscarse la vida ellos mismos. Y entonces quizás lo mejor hubiera sido mantener la esclavitud de la población negra porque al ser elegida “libremente” no era “coercitiva”.

      En resumen, que lo que percibe el siervo o el esclavo en su manipulado cerebro poco dice de la verdadera realidad de la esclavitud sea esta física o mental.

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    6. No creo que discrepar de tu tesis sea estar “infectado por el virus de la fe”. Precisamente intento hacer lo contrario: analizar sin caer en absolutismos. De hecho, yo también soy ateo, y precisamente por eso me parece importante dejar claro que el ateísmo no obliga a adoptar una postura maximalista ni a considerar toda religión como intrínsecamente tóxica. Se puede no creer en Dios y, al mismo tiempo, reconocer que el fenómeno religioso es complejo, históricamente ambivalente y existencialmente significativo para millones de personas. El escepticismo hacia las creencias sobrenaturales no exige desprecio hacia quienes las sostienen ni convertir la crítica en una teoría total que lo explica todo en términos de manipulación.

      Tu argumento gira en torno a una idea fuerte: que si una persona percibe como libre o positiva una práctica religiosa, pero esa práctica está condicionada culturalmente, entonces no es realmente libre. Ese punto es interesante y la filosofía lo ha discutido mucho. Pero si lo llevamos hasta el extremo que propones, el problema es que casi ninguna elección humana sería libre, porque todas están influidas por cultura, familia, educación e ideología.

      Comparar religión en general con esclavitud introduce una diferencia clave: la esclavitud implica coerción física y legal explícita. Una persona creyente en una democracia libre puede abandonar su religión sin ser perseguida por el Estado. Que existan contextos donde eso no sea así (como ciertos regímenes teocráticos) es gravísimo, pero eso describe sistemas políticos concretos, no automáticamente toda experiencia religiosa.

      Sobre el velo, la mutilación genital o el patriarcado, son problemas reales y denunciables. Pero ahí estamos hablando de prácticas culturales y estructuras de poder que utilizan la religión como legitimación. La pregunta es si la religión es la causa necesaria o el vehículo disponible. También ha habido patriarcado feroz en sistemas oficialmente ateos.

      El punto más delicado de tu postura es éste: afirmas que cuando alguien dice encontrar paz o sentido en su fe, en realidad está “dañado” o es un “esclavo mental”. Esa afirmación es imposible de refutar, porque cualquier desacuerdo confirma la supuesta alienación. Es decir, si alguien te contradice, no es que tenga razones distintas, es que está condicionado, engañado o mentalmente colonizado. Una teoría que convierte automáticamente en “alienado” a todo el que discrepa corre el riesgo de volverse dogmática. El problema no es hablar de alienación (idea que ya estaba en Karl Marx) sino convertirla en explicación universal. Y ahí está el riesgo dogmático. Si toda decisión que no encaja con tu análisis se explica como "lavado de cerebro", entonces niegas que los demás tengan razones propias. Ya no es alguien que interpreta la realidad y decide (aunque se equivoque), sino un simple producto pasivo de manipulación. Eso vuelve tu postura inmune a la crítica (todo desacuerdo confirma la alienación) y además es paternalista: en lugar de debatir con interlocutores, pasas a diagnosticar pacientes. Puede haber desinformación y propaganda, sí, pero reducir millones de decisiones humanas a pura esclavitud mental simplifica en exceso y cierra el debate en lugar de abrirlo.

      Criticar el poder religioso, los privilegios institucionales o las derivas autoritarias es legítimo. Sostener que toda vivencia religiosa es necesariamente esclavitud mental es una hipótesis fuerte que requiere algo más que analogías históricas e indignación moral. De lo contrario, terminas aplicando a tu criterio el mismo esquema que denuncias: una explicación total que no admite matices ni excepciones.

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  2. “Comparar religión en general con esclavitud introduce una diferencia clave: la esclavitud implica coerción física y legal explícita. Una persona creyente en una democracia libre puede abandonar su religión sin ser perseguida por el Estado.”

    Veo que no has comprendido bien mis ejemplos anteriores. En las democracias “libres” millones de personas adoctrinadas desde pequeños eligen azotarse hasta sangrar en Semana Santa, llevar un cilicio masoquistamente, mutilar genitalmente a sus hijas llevándolas de vacaciones al país de los ancestros y que luego esas mismas hijas elijan “libremente” taparse de pies a cabeza y todo ello conseguido generalmente con coerción mental, pero a veces también física.

    Es más, si adoctrinas a 100 niños en la esclavitud, en la pedofilia o en cualquier otra barbaridad durante el tiempo suficiente muchos de ellos vivirán toda su vida con esos condicionantes. Y más si son la segunda o la quinta generación de sometidos a ese acondicionamiento. Y aunque en una democracia hay más libertad, eso no significa que todos los adoctrinados puedan luego de mayores abandonar ese condicionamiento.

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  3. “Sostener que toda vivencia religiosa es necesariamente esclavitud mental es una hipótesis fuerte”

    Te recuerdo que la religión se basa en creer en mitos a cual más delirantemente estúpido sin ninguna prueba y en contra de la más elemental lógica o razonamiento. Y eso solo se puede conseguir con adoctrinamiento duro y puro, que en el caso de los creyentes verdaderos (no esos tan abundantes sociológicos) se convierte en un problema mental.

    Porque si una persona dice hablar con un elefante rosa invisible todos estamos de acuerdo que tiene algún desequilibro mental y probablemente sus familiares intenten que visite a un psiquiatra. Si ese elefante rosa es el divino Ganesha se le considera digno de admiración o incluso un elegido.

    Pero como comentaron hace tiempo algunos psiquiatras, la psiquiatría tiene un serio problema con la religión:

    https://cnho.wordpress.com/2017/11/07/el-problema-de-la-psiquiatria-con-la-religion/

    Es más, hay infinidad de estudios científicos (algunos de los cuales he comentado en este blog y otros en La Ciencia y sus Demonios) que muestran que el adoctrinamiento religioso actúa casi como un virus que ataca a la capacidad de comprender la realidad. Como muestra te dejo uno de los últimos que he comentado:

    https://cnho.wordpress.com/2026/02/02/neurociencia-psicologia-teoria-de-la-mente-y-religion/

    Otra cosa es que como todos hemos sido adoctrinados en mayor o medida en nuestra infancia siempre queda algún poso que permite interpretar de alguna manera positiva a lo que probablemente en un futuro más o menos lejano se considerará un atentado contra los más elementales derechos humanos.

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    1. Creo que ahora el desacuerdo está en otro nivel. Tú sostienes que la religión sólo puede mantenerse mediante adoctrinamiento intenso y que, por tanto, la creencia religiosa es en sí misma un síntoma de deterioro cognitivo o patología. Esa es una afirmación mucho más fuerte que decir que existe presión cultural o social.

      El problema es que equiparar creencia religiosa con trastorno mental no es una posición respaldada por la psiquiatría contemporánea. Los manuales diagnósticos no consideran la fe religiosa compartida culturalmente como delirio, precisamente porque el criterio clínico no es “creer algo indemostrable”, sino la pérdida de contacto funcional con la realidad y el deterioro significativo de la vida cotidiana. Si aplicáramos el estándar “creer algo sin pruebas empíricas directas” como criterio de patología, tendríamos que revisar una parte enorme de las creencias humanas, no solo religiosas.

      Además, el hecho de que exista adoctrinamiento no implica que todo creyente sea reducible a adoctrinamiento. Socialización hay en todos los ámbitos: moral, político, nacional, ideológico. Muchos creyentes abandonan la fe, otros la adoptan en la vida adulta, otros la reinterpretan críticamente. Eso no encaja bien con la idea de un simple “virus mental” uniforme.

      Por último, decir que en el futuro la religión será vista como una violación de derechos humanos es una predicción histórica fuerte, pero no un argumento actual. A lo largo de la historia, tanto sistemas religiosos como sistemas oficialmente ateos han vulnerado derechos fundamentales. El factor común no ha sido la creencia en dioses, sino el dogmatismo unido al poder.

      Tu crítica al adoctrinamiento infantil es legítima como debate ético. Pero dar el salto a considerar toda fe como patología o toda experiencia religiosa como esclavitud mental vuelve a situarte en una tesis total: ya no estás analizando casos, sino interpretando cualquier caso como confirmación previa de tu esquema. Y ahí es donde muchos dejarán de verte como crítico… para verte como alguien que ha cambiado un dogma por otro.

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  4. La religiosa mallorquina Adela Blanes Sureda recibió el pasado 7 de noviembre en El Cairo la Orden de Isabel la Católica por su labor a favor de los derechos de la mujer egipcia y décadas de lucha para la erradicación de la ablación femenina y el matrimonio infantil. El embajador de España en El Cairo, Arturo Avello Díaz del Corral, entregó a la hermana Adela (Artà, 1929) la medalla en una ceremonia celebrada en su residencia privada, con presencia de autoridades religiosas. Esta mallorquina vive en Egipto desde 1956, cuando llegó como misionera de la congregación del Sagrado Corazón de Jesús. Durante décadas su trabajo se ha centrado en la provincia de Minia, en el Alto Egipto, donde ha logrado grandes avances en la lucha contra el matrimonio infantil y la ablación femenina, que consiguió erradicar del pueblo de Bayadiya. "La mujer soporta infinidad de veces una doble injusticia: por ser pobre y por ser mujer", dijo tras recibir la condecoración de manos de Avello.

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    1. Como ya he dejado constancia escrita muchas veces, los creyentes en una religión no tienen ningún problema para detectar que otras religiones son patriarcales, sexistas, homófobas, sectarias, etc., etc., etc.

      Pero como tienen el cerebro infectado, los creyentes son incapaces de ver que su propia religión es igualmente intolerante, como es el ejemplo perfecto que acabas de exponer con una monja que lucha por los derechos de las mujeres en un país islámico cuando ella misma pertenece a una de las instituciones más patriarcales, sexistas y machistas del mundo moderno. Porque ser monja y mujer en la actualidad es algo parecido a ser judío y haber pertenecido a las SS hitlerianas o negro del KKK. Todo un sinsentido.

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  5. "El problema es que equiparar creencia religiosa con trastorno mental no es una posición respaldada por la psiquiatría contemporánea. Los manuales diagnósticos no consideran la fe religiosa compartida culturalmente como delirio, precisamente porque el criterio clínico no es “creer algo indemostrable”, sino la pérdida de contacto funcional con la realidad y el deterioro significativo de la vida cotidiana. "

    Parece que no sirva de nada que te presente datos, porque luego tú simplemente los ignoras y argumentas como en el entrecomillado, cuando en mi comentario anterior te he indicado que dentro de la psiquiatría se empieza a considerar ese privilegio que tienen los "locos" religiosos con respecto a los "locos" no creyentes como un fallo del propio sistema médico.

    Como he comentado muchas veces tiempo llegará (espero si esto no se tuerce y volvemos a las horribles teocracias cristianas) en que los verdaderos creyentes estarán incluidos en los manuales de psiquiatría.

    Y como veo que tampoco has leído el otro link que te indiqué simplemente te reitero que ese y otros muchos estudios que están realizando en las últimas décadas indican cada vez más claramente que los verdaderos creyentes tienen una evidente "pérdida de contacto funcional con la realidad" y en muchos casos también un "deterioro significativo de la vida cotidiana", si no mira a esas monjas de clausura que hacen voto de silencio o a esos miembros de las variantes más rigoristas del cristianismo que son manipulados hasta la saciedad (habla con cualquier ex-Opus o ex-Legionario de Cristo o busca en la web sus testimonios para entender como incluso años después de salir de estas sectas siguen teniendo graves problemas mentales: trastorno de estrés postraumático, culpa intensa, miedo paralizante, ansiedad, depresión y crisis de identidad. Sufren desorientación profunda, dificultad para tomar decisiones propias y dependencia emocional) o esos que son capaces de morir ellos o peor aún de matar a sus propios hijos porque un mohoso libro les dice que recibir sangre es pecado mortal.

    Pero veo que darán igual esos datos, pero mirado desde un estricto punto de vista racional la religión es muy parecida al alcoholismo o cualquier otra drogodependiencia: en muy bajas dosis prevalecen las ventajas pero para los que se enganchan de verdad, los problemas se acumulan.

    Y o mucho me equivoco, pero si la ciencia sigue su curso de acumular datos y pruebas entonces la Guia Psiquiátrica del 2050, 2100 o cuando sea pondrá a la verdadera práctica religiosa en su lugar.

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    1. El problema es que estás dando por demostrado algo que, en realidad, sigue siendo una hipótesis fuerte: que la creencia religiosa en sí misma implica pérdida de contacto funcional con la realidad. Que existan casos extremos (sectas coercitivas, comunidades cerradas, prácticas dañinas...) no convierte automáticamente a toda vivencia religiosa en patología, igual que la existencia de militancias políticas destructivas no convierte toda ideología en trastorno mental.

      La psiquiatría no distingue entre “locos religiosos” y “locos no religiosos” por privilegio cultural, sino porque el criterio clínico no es creer algo indemostrable, sino el deterioro funcional significativo y la ruptura con la realidad compartida. Si la fe, por definición, produjera ese deterioro, estaríamos hablando de miles de millones de personas clínicamente enfermas, y eso no es lo que muestran los datos epidemiológicos.

      Que haya estudios que señalen efectos negativos en ciertos contextos no equivale a demostrar que la religión, en sí y necesariamente, sea equivalente a una drogodependencia. Esa generalización es precisamente lo que muchos discutimos. Una cosa es criticar abusos y adoctrinamiento; otra muy distinta es convertir toda experiencia religiosa en diagnóstico.

      "Parece que no sirva de nada que te presente datos...". No estoy ignorando los datos, lo que discuto es la interpretación que haces de ellos. Que dentro de la psiquiatría existan debates críticos sobre cómo se manejan las creencias religiosas no equivale a que exista un consenso emergente para considerar la fe, en sí misma, un trastorno mental.

      En todas las disciplinas hay voces que cuestionan criterios establecidos. Eso es normal en ciencia. Pero pasar de “hay discusión sobre posibles sesgos culturales” a “la religión será reconocida como patología” es un salto considerable. Una cosa es revisar cómo se evalúan ciertas creencias en contextos clínicos; otra muy distinta es concluir que millones de personas funcionales cumplen criterios diagnósticos.

      Si realmente la fe implicara, por definición, pérdida de contacto funcional con la realidad, eso debería reflejarse de forma clara y masiva en los datos clínicos actuales, no solo en hipótesis o estudios parciales. Lo que yo cuestiono no son los estudios que citas, sino la conclusión general que extraes de ellos.

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  6. “El problema es que estás dando por demostrado algo que, en realidad, sigue siendo una hipótesis fuerte: que la creencia religiosa en sí misma implica pérdida de contacto funcional con la realidad. Que existan casos extremos (sectas coercitivas, comunidades cerradas, prácticas dañinas...) no convierte automáticamente a toda vivencia religiosa en patología, igual que la existencia de militancias políticas destructivas no convierte toda ideología en trastorno mental.”

    Constato con tristeza que sigues anclado al adoctrinamiento religioso, aunque seas ateo. Es algo que desgraciadamente sigue siendo muy común.

    ¿Te has preguntado alguna vez porqué ahora vemos como algo execrable que adoctrinen a un niño para que pertenezca a la juventudes hitlerianas o al komsomol soviético y no que se bautice, se le convenza que un trozo de oblea es carne humana “sagrada” o se le corte la punta del pene a ese mismo chaval?

    Pues es porque desgraciadamente seguimos bajo una teocracia intelectual (más o menos suave), e incluso muchos ateos como tú seguís bajo ese condicionamiento psicológico (como el que comenté anteriormente que le pasa a los exadeptos a las sectas) en el que no podéis liberaros completamente de las cadenas del pasado y ver la por otra parte cruda realidad.

    Te sugiero humildemente que estudies un poco sobre la historia de los logros (y las penurias que costó) el racionalismo y la adopción de los derechos humanos, porque siempre en cada paso del camino había alguien incluso “avanzado” intelectualmente que no podía ver el futuro (porque seguía más o menos atado a las cadenas mentales del ayer) y desgraciadamente argumentaba “neutralmente” sobre algunas de las bondades del claustrofóbico pasado: el patriarcado (no todos los machos son igualmente malos, así es que…), la esclavitud (hay grupos inferiores que quizás necesiten de la supervisión de alguien “superior” y a lo mejor no es del todo mala) y ese largo etcétera de justificaciones de lo que siempre ha sido maltrato físico y mental al que ha estado sometida la humanidad desde hace milenios.

    Algo que solo puede cambiar con la ayuda de la linterna de la ciencia que va derruyendo (demasiado) lentamente como te he comentado con algunos ejemplos lo que ya indican meridianamente claro los ya casi infinitos estudios sobre el peligro de la religión en el mundo actual, que con camino de los 10.000 millones de personas que tienen que cooperar ¡sí o sí!, debemos evitar no acabar en lo que muy probablemente sea el Armagedón con el que sueñan los talibanes cristianos.

    Sospecho que a poco que te implique intelectualmente en esa investigación alguien como tú, que llevo observando desde hace años que usas su cerebro para reflexionar, podrás extrapolar a base de los datos previos (algo muy habitual en el terreno de la investigación) para llegar a la inevitable conclusión ¡suerte y ánimo!.

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    1. Que discrepe de tu conclusión no significa que esté “anclado al adoctrinamiento”, sino que no acepto que la única lectura racional posible sea la tuya. Convertir el desacuerdo en síntoma psicológico es precisamente lo que impide el debate.

      Comparar sin matices el bautismo o la educación religiosa con las juventudes hitlerianas presupone lo que quieres demostrar: que toda transmisión religiosa es equiparable a una maquinaria totalitaria. Pero ahí está justo el punto en discusión. No toda socialización es idéntica ni produce los mismos efectos, y meter fenómenos muy distintos en el mismo saco no los vuelve equivalentes.

      La historia de los derechos humanos, que mencionas, no es solo la historia del racionalismo contra la religión; también es la historia de luchas internas dentro de las propias tradiciones religiosas y de procesos complejos donde ciencia, filosofía, política y religión han interactuado de formas no lineales. Reducirlo a “ciencia iluminando y religión oscureciendo” es una simplificación potente, pero simplificación al fin.

      Puedes sostener que la religión es globalmente perjudicial. Es una posición defendible. Lo que cuestiono es el salto a considerar que quien no comparte ese diagnóstico padece una cadena mental invisible. Cuando el desacuerdo se interpreta como patología o como resto de contaminación ideológica, el intercambio deja de ser racional y se convierte en una clasificación de fieles y desviados. Y ahí es donde, paradójicamente, el esquema empieza a parecerse mucho a aquello que criticas.

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