Sin embargo, al cabo de poco tiempo y de forma repentina, su situación empeora de drásticamente y la joven mujer comienza a presentar varios de algunos comportamientos más preocupantes: gritar como posesa, graves convulsiones, arrancase la ropa, revolcarse por el suelo, insultar y escupir a las personas que se encuentran próximas, desarrollar posturas como arquear hacia atrás su espalda de forma casi antinatural, hipersexualidad, alucinaciones paranoides, crisis epilépticas o pérdida de reflejos básicos.
Imaginen este conjunto de síntomas en el entorno rural de una sociedad atrasada del Tercer Mundo en la actualidad, o en el ambiente ultrarreligoso y puritano del cinturón de la Biblia de los EEUU o simplemente en cualquier país europeo antes de la Ilustración.
Es evidente que rápidamente la ignorancia, el miedo, el oscurantismo y el fanatismo religioso llevarían a nuestra desdichada protagonista con toda seguridad a ser considerada loca o peor aún, ser acusada de brujería por estar "evidentemente" poseída por el Maligno.
Y el casi inexorable resultado final de esta tragedia pasaría de la exclusión social de ser tratada como demente en el mejor de los casos hasta su enjuiciamiento y posterior ejecución si sus piadosos convecinos ven la evidente señal satánica en sus actos.
Sin embargo, en realidad ello como todo en este mundo tiene una explicación mucho más prosaica pero también más sorprendentemente racional. El investigador español Josep Dalmau se encontró hace ya años con diversas pacientes con este conjunto de enigmáticos y sorprendentemente llamativos síntomas y como buen científico no se quedó pasmado, nunca consideró que el problema le superaba y que la misteriosa enfermedad era debida a un diseñador malévolamente inteligente e incognoscible, no se postró para pedir ayuda a ningún misterioso altísimo enigmático, tampoco acudió a la legión de mediadores del más allá como curanderos, exorcistas, magos, hechiceros o sotanados varios para que realizaran pases mágicos, exorcismos o tratos con las realidades espirituales.
No. Nuestro protagonista únicamente consideró, con muy buen y racional criterio que estos asombrosos comportamientos podrían estar simplemente causados por alguna enfermedad de origen desconocido. Y como buen científico ensayó duramente durante años para al final encontrar que estos síntomas estaban causados por un nuevo tipo de encefalitis autoinmune que atacaba a las células nerviosas provocando el mal funcionamiento del cerebro. Además tratando con inmunosupresores a las pacientes, nuestro brillante científico logró revertir la enfermedad.
Al final como decía el genial Carl Sagan: Si quieres salvar a tu hijo de la polio puedes rezar o puedes vacunarlo… Aplica la ciencia.





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