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26 de marzo de 2015

Científicos religiosos y médicos fumadores




En cualquier debate sobre el eterno e inevitable enfrentamiento entre ciencia y religión, siempre llega un momento en que los creyentes sacan a colación el gran argumento, el definitivo con el que supuestamente van a desarmar a los críticos y convencer racionalmente de la complementariedad de los mitos inventados por pobres alucinados y el conocimiento científico: la existencia de científicos religiosos.

Pero por supuesto este argumento es totalmente dependiente de creencia, así los cristianos nunca razonan que como un gran premio Nobel hindú es devoto de Ganesha, el dios elefante, ello explicaría no sólo la complementariedad del panteón hindú con el Big Bang y la mecánica cuántica sino que además también demostraría la existencia de Visnú y Shiva. Estos creyentes indican que el hecho de que Newton o tres premios Nobeles crean en la zarza ardiente y en la paloma fornicadora en cualquiera de sus variantes, ya que por supuesto da igual que uno de ellos sea católico, otro anglicano y el tercero anabaptista o evangélico y por tanto mantengan creencias incompatibles y antagónicas, demostraría que Dios ¿cuál de ellos? es el creador del Universo, entidad que algunas veces puede tener la irrisoria edad de menos de 10.000 años, tal y como lo atestigua la sagrada, verdadera e incuestionable Biblia. 

Pero es que este argumento de autoridad en ciencia vale menos que nada, puesto que los premios Nobeles han sido galardonados por obtener un avance científico demostrable, de tal manera que sus dictámenes, si no vienen sustentados por las pruebas, valen lo mismo que las opiniones de cualquier hijo de vecino. Y si tu vecino te dice que los burros vuelan o que una serpiente parlante engaño a un trozo de barro y a su costilla con una manzana no sólo se puede sino que se debe dudar de la cordura del individuo en cuestión. 

El caso sería parecido a un medico fumador, el hecho de que el profesional de la medicina se intoxique con el tabaco no anula la realidad de que fumar produce cáncer. Es más, si el médico es un buen profesional recomendará a sus pacientes que dejen de practicar esa perniciosa y letal drogadicción. Porque si el médico fumador alentara a sus pacientes a fumar o les engañara convenciéndoles de que el tabaco es inocuo, no sólo estaría contraviniendo su ética profesional sino que además podría ser demandado por mala praxis médica.

Y algo por el estilo ocurre con los científicos religiosos en general, y los cristianos en particular, creer pueden creer en lo que les dé la gana pero cómo intenten dejarse llevar por su fe durante su trabajo y afirmen que la ciencia ha demostrado tal o cual dogma de su particular devoción, pues caen rápidamente en el más absoluto descrédito profesional. De tal manera que a la larga tal y como muy acertadamente indicó el genial Jacques Monod "un científico que cree en Dios es un esquizofrénico" porque cuando un investigador trabaja por muy cristiano que sea debe olvidar (y muchísimas veces transgredir los incuestionables dogmas de su religión), y cuando por otra parte acude a su iglesia debe dejar en la puerta su cerebro para poder asumir las disparatadas afirmaciones que escucha en boca del supuesto representante de la inventada deidad de su elección.




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