A veces la ficción cinematográfica es capaz de demoler en tan solo un par de minutos toda
esa absurda y más que estéril teología que ha venido ocupando la mente
de miles de pensadores y filósofos a lo largo de los milenios.
Así, en un extracto de la más que recomendable película "God on trial",
uno de los desesperados judíos enviado a Auschwitz se da cuenta al final
de que su dios no ha sido nunca para nada bueno, ni cuando
supuestamente privilegiaba al pueblo elegido ni en ese horrendo momento
donde gran parte de los circuncidados estaban siendo exterminados
horriblemente.
Porque la explicación más razonable es asumir que su dios siempre ha sido un deleznable genocida más que caprichoso y que desgraciadamente para
ellos había cambiado de bando, como lo cuentan estos pocos, pero más que
demoledores, minutos de la brutal pero más que esclarecedora película que he comentado antes.



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