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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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9 de marzo de 2026

Por mucho que afirme el aborregado rebaño cristiano en el mundo no hay evidencia alguna de ninguna supervisión sobrenatural

Los creyentes llevan milenios “argumentando” (pobremente por cierto) que existen “pruebas” de la existencia de un dios omnipotente y sobre todo, benevolente para con los primates sapiens. Pero la realidad, la cruda realidad de los hechos es que ese supuesto dios no aparece por ninguna parte.


A pesar de que todas las grandes mentes religiosas se han devanado los sesos para demostrar la magnificencia y magnanimidad del supuesto dios judeocristiano, las abrumadoras pruebas van en su contra ya que no existe nada racionalmente vinculante entre un Universo indiferente a la humanidad y una naturaleza despiadada que, si se puede concluir que se dedica a algo es a encontrar miles de maneras para herir, torturar y matar de las formas más horripilantemente dolorosas a quienes no somos más que una insignificante especie de monos bípedos y cabezones que solo con la extraordinaria ayuda de la siempre atea ciencia hemos podido empezar a liberarnos de ese asfixiante yugo que la selección natural ha puesto como una terrible Espada de Damocles encima de nuestra precaria supervivencia.

Pero he aquí, que en pleno siglo XXI todavía miles de millones de descerebrados analfabetos buscan sin descanso (y también sin ningún resultado) a esa esquiva divinidad que solo existe en sus perturbadas mentes. 

 

 

 

 

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