El que miles de millones de buenas personas, individuos que no han hecho daño a nadie y que incluso han sido bondadosas personas durante su vida puedan ser castigados por toda una eternidad de dolor, sufrimiento, tortura y horror por no haber aceptado al Dictador Supremo, a ese supuesto nazareno demente como su Señor y Salvador ¡ríanse ustedes de la dictadura norcoreana! es algo del todo moralmente reprobable y sus defensores deberían ser considerados psicópatas de libro.
Porque además de los cristianos en todas sus infinitas y enfrentadas sectas (salvo una que debería ser la única correcta), la inmensa mayoría de los humanos: budistas, hinduistas, jainistas, judíos, mormones, musulmanes, sijs, sintoístas, taoístas o adeptos a la infinidad de religiones aborígenes actuales y antiguas, junto con agnósticos o ateos estaremos todos bien apretujaditos en el Infierno sufriendo horribles castigos, penas moralmente indefendibles por simplemente no haber encontrado la llamada de ese profeta demente que, aunque circuncidado ha servido de excusa para que los cristianos maten con saña y durante milenios a sus correligionarios de fe, además de apostatas, ateos y herejes varios.
Pero eso sí, repitan conmigo: el cristianismo es una religión de amor con los más altos estándares morales ¡anda ya!



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