Habitualmente cuando alguien hace una afirmación
disparatada, estúpida y totalmente errónea suele encontrarse enseguida con la
mofa, la befa y el escarnio del resto de los presentes, salvo que por otra
parte esa delirante aseveración se refiera a serpientes parlantes, gorrinos
endemoniados, palomas extraterrestres violadoras, cocodrilos o elefantes
divinos y demás sandeces religiosas solo aptas para el consumo de los menos
agraciados intelectualmente de esta especie que casi nunca llega al mínimo de
su pomposo adjetivo: sapiens.
Y quizás sea ya hora, por la cuenta que nos trae en el problemático mundo que nos ha tocado vivir que a estos semideficientes mentales se les etiquete como lo que en realidad son: estúpidos dementes en los que se paralizó su desarrollo mental a la tierna edad de los 5 años intelectuales como si fueran bonobos o chimpancés.



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