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11 de mayo de 2015

Al final por culpa de los gays vamos a cabrear de verdad al dios judeocristiano



La locura religiosa es la vertiente humana en la que no sólo se tolera la más cruda discapacidad mental, sino que por el contrario ésta se puede convertir en un comportamiento socialmente aceptado y hasta ansiado. Y el problema es que no sólo afecta al individuo en cuestión sino que también infecta al resto del tejido social.


¿Se imaginan que un pobre individuo, de esos que piensa que estamos siendo dominados por seres extraterrestres de naturaleza reptiliana intentara conseguir cualquier tipo de apoyo público en la escuela, los juzgados, etc.? Muy seguramente, si el pobre individu@ acabara poniéndose impertinente, además de cosechar el mayor de los ridículos, terminaría siendo internado en una institución mental por su propia seguridad y para tranquilidad del resto de los ciudadanos que no tienen porqué aguantar las estupideces de los demás.

Pues bien, cuando ese inventado extraterrestre adopta la forma de una zarza ardiente o de una paloma sideral se produce todo un increíble milagro: el demente en cuestión deja de ser un patético y risible hombrecillo para convertirse ¡misterios divinos! en un individuo que debe ser exquisitamente tratado y que en numerosas ocasiones acaba teniendo a su disposición todos los resortes de una democracia moderna para dejarse llevar por sus más que evidentes delirios psiquiátricos.

Y el último caso nos llega, como no, de los muy particulares EEUU en donde una verdadera cristiana, de esas literalistas bíblicas que muy probablemente no han leído en toda su vida nada más que la sarta de historietas del bestseller intemporal de la narrativa de ficción, libro que cuenta las fantásticas aventuras de ese Harry Potter del siglo I DC capaz de convertir el agua en vino (para solaz de los más borrachos pastores de cabras de Judea) y que enviaba al suicidio colectivo a inocentes piaras de cerdos, ha sobrepasado todos los límites de la realidad y se encuentra viviendo en un mundo más alucinógeno que el de gato de Cheshire y el Conejo Blanco, ese que siempre llegaba tarde a su destino. Por cierto, que judíos tan diferentes a los actuales poblaban el Israel bíblico, que más bien parecían sibaritas hispanos por su inveterada afición al vino y al jamón del bueno.

Así nuestra cristianísima jubilada, harta ya de la "abominación de la homosexualidad" ha decidido tomar cartas en el asunto y se ha plantado en un juzgado del perdido estado norteamericano de Nebraska (es lo que tienen los fríos siberianos, que acaban afectando no sólo al cuerpo sino también al intelecto de las personas mayores) para demandar a "todos los homosexuales del planeta por violar las leyes civiles". La fanática cristiana ha escrito en su demanda que

"Yo sostengo que la homosexualidad es un pecado y que ellos, los homosexuales, saben que viven una vida de pecado. ¿Por qué más podrían estar escondiéndose en un closet?”

A ver estimada demente, quizás los homosexuales no salen del armario porque muy justificadamente tienen miedo que usted o su marido o cualquier otro patán destripaterrones de Nebraska coja su flamante fusil automático (ese que le permite poseer la Primer Enmienda de su Constitución) y se lien a tiro limpio con todo "pecaminoso" gay que se encuentre a su paso.

Y en su escrito la alucinada cristiana advierte

“Miren lo que pasó con Sodoma y Gomorra, las dos ciudades que tenían el mismo comportamiento moral que está presente en nuestra nación, nuestros estados y nuestras ciudades. Dios las destruyó”.

¿Y quién es esta pobre mujer que se arroga el derecho a denunciar a todos los "pervertidos" homosexuales del mundo? Pues agárrense porque según ella es


Y aquí ya tenemos el lio montado, puesto que hay otro enajenado anciano que vive en el centro de Roma que también dice ser el único y verdadero vicario de la siempre confusa asociación trinitaria celestial. Bien harían la Zarza Ardiente, el Judío Milagrero y la Paloma Fornicadora en ponerse de una vez por todas de acuerdo y enviar al mundo un único embajador, con una teología lo suficientemente clara para que esos alrededor de 1.000 millones de pobres estúpidos (sí, ya que es muy difícil hacer comprender algo a estos simples, pero para eso se supone que son todopoderosos) que se dividen en las miles de sectas cristianas únicas y verdaderas actuales sepan a qué atenerse y dejen de perder el tiempo en sus absurdas disquisiciones de si dios dijo esto u ordeno aquello. 

Pues bien, al final esta absurda demanda ha sido desestimada, ya que el juez ha alegado que no es competencia suya el dirimir cuestiones religiosas y que la demanda no se adecúa a derecho al no definir de forma precisa contra quienes va dirigida ni cuál es su objeto. 

Como se puede observar todo un ejercicio de diplomacia judicial. El juez se lava las manos en lugar de emitir un fallo que sentara jurisprudencia, ya que bien podría haber amonestado y hasta multado a la fanática por obligar a la justicia a malgastar recursos públicos en analizar lo que a todas luces es una evidente muestra de locura religiosa, demencia que atenta además contra la más elemental convivencia, y así cortar de raíz este tipo de antidemocráticos y peligrosos comportamientos. 

Es más, si este juez hubiera sido diligente bien podría haber solicitado una revisión psiquiátrica de esta pobre anciana sumida en sus delirios seniles, para que se evaluara la capacitación mental de lo que evidentemente parece un irreversible deterioro de las funciones cognitivas y de la comprensión de la realidad por parte del dañado cerebro de la cristiana. Pero claro, eso hubiera sido atentan contra la sagrada libertad religiosa de  comportarse como un demente, y eso sólo se puede medicar si lo que ve el enfermo son elefantes rosas y nunca cuando el paciente se comunica con palomas fornicadoras. 

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