Porque que la Asociación Internacional de Exorcistas (organización que debería tener a todos y cada uno de sus miembros tutelados por un juez de menores y atendidos profesionalmente en una institución para enfermos mentales) tenga la desfachatez de advertir que la pseudoterapia espiritista de las “constelaciones familiares” (inventada para más inri por un monje católico) es una peligrosa estafa sería del todo risible, si no fuera tan patéticamente ejemplarizante sobre cómo la religión convierte a los supuestos sapiens en unos analfabetos demagogos que sólo se preocupan cuando otros estafadores compiten por el rebaño de estúpidos integrales que tanto abundan por doquier.



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