Y así, con la reciente publicación de material audivisual del Pentágono estadounidense sobre objetos volantes no identificados un tal Jeremiah J. Johnston, presidente de la Sociedad de “Pensadores” Cristianos (si es que ambas palabras: pensador y cristiano pudieran ir juntas) ha declarado en su “experto” criterio que los OVNIs se pueden categorizar de cuatro maneras: objetos mal identificados como cristales de hielo o reflejos de luz, tecnología humana clasificada como drones espías o satélites (hasta aquí nada que objetar) pero también ¡y agárrense! pueden ser resultado de “actividad angelical” y “actividad demoníaca”.
Porque según este imbecilizado “pensador”:
“El registro bíblico es consistente: los cielos están activos y a veces esa actividad se cruza con nuestra atmósfera”.
Ya que según su delirante “razonamiento”:
“En el momento en que alguien ve algo inexplicable en el cielo, el defecto cultural es inmediatamente ‘extranjeros del espacio exterior’. Pero, ¿y si la mejor explicación no es extraterrestre, sino extra-dimensional? ¿Qué pasa si lo que estamos tratando no es de otro planeta, sino de otro reino completamente – el reino espiritual?”
Así que ya saben, nada de marcianos verdes que son ángeles o malvados demonios los que abducen y sondan analmente a desgraciados granjeros y solitarias vacas.



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