Resulta que el chaval estaba cada vez más irritable y violento y su padre (como buen descerebrado estadounidense) decidió tomar medidas drásticas al estilo cowboy. A así le regaló por navidades un rifle de asalto, de esos que aparte de servir para combatir en cualquier guerra, millones de fanáticos yanquis tienen en su casa por si acaso.
El idiotizado padre aseguró a la policía que el regalo de “Santa Claus” era para que su hijo se fuera a cazar ciervos y cuando mató al primero con un arma de guerra el progenitor pensó que había acertado con el tratamiento ¡ven hasta qué punto está desquiciado ese tan particular país! Nada de psicólogos, educadores o incluso psiquiatras si tu hijo es violento regálale un arma automática que seguro que así se solucionan todos sus problemas. De tal manera que las autoridades han presentado cargos contra tan “responsable educador” paterno.
Pero quizás la moraleja de todo ese feo asunto tenga que ser la triste pregunta de cómo se ha normalizado tanto el uso de material de guerra entre los civiles estadounidenses como para que un padre pueda siquiera pensar que sería una buena idea armar hasta los dientes a un chaval que por edad y comportamiento debería estar entreteniéndose con un puzle bajo la atenta mirada de un psicólogo clínico.
Pero eso sí, repitan conmigo: los EEUU son el mejor país del mundo.



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