* ¡Señor mío! haz que el zoquete de mi hijo apruebe esa asignatura de matemáticas que lleva tripitiendo desde hace años (aunque mejor sería que hubiera estudiado en lugar de perder el tiempo salmodiando de rodillas),
* ¡Dios mío! cúrame el SIDA o las siempre molestas hemorroides (que lo mismo si ese dios misericordioso no hubiera creado a los patógenos o nos hubiera diseñado un poco menos chapuceramente se podría haber ahorrado todas estas peticiones y ya de paso el inmenso sufrimiento que conllevan),
* ¡Virgen santa! salva por favor a mi familiar enfermo terminal de ese terrible cáncer que la divinidad en su infinita malevolencia ha diseñado tan eficientemente
y así sucesivamente con el resto de las patéticamente egoístas solicitudes de semideficientes mentales que son incapaces de asumir la realidad y enfrentarse a los azares de la vida como verdaderos adultos.
Pero cuando queda más en evidencia este delirantemente absurdo comportamiento religioso, que está a la altura del “razonamiento” de un nene de 5 años, es cuando el creyente abandona todo pudor y como ese niño malcriado y voluble que siempre será ruega a su divino hacedor por más absurdos caprichos.
Y el ejemplo más claro se da en el deporte, porque son patéticamente risibles esas imágenes tan comunes en los piadosos EEUU de Norteamérica (pero no sólo) de atletas multimillonarios arrodillados en medio del estadio pidiendo a su dios (generalmente el judeocristiano en cualquiera de sus variantes) fuerza y ayuda para ganar el partido contra otros cristianos tan estúpidos como ellos que visten de otro color y así poder negociar al alza sus ya agraviantes contratos económicos.
Porque quizás no haya nada más ofensivamente ignorante que creer que tu dios te ayuda a ganar la SuperBowl o la Copa de Europa mientras deja morir de hambre a unos niños en África o de terribles y a otros infantes también de lentas agonías en las unidades de Oncología Pediátricas de los hospitales.
Pero ¿que se le va a hacer? sólo la religión puede obrar el increíble milagro de convertir a patéticos semideficientes mentales en personas dignas de admiración y respeto.


No hay comentarios:
Publicar un comentario