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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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18 de febrero de 2026

Dios no cura el cáncer infantil porque parece estar muy ocupado amañando los resultados de los deportes

No existe duda alguna de que las creencias de los religiosos sobre un supuesto dios todopoderoso creador de un casi infinito Universo, pero que sin embargo está siempre atento y preocupado por las miserias de unos pobres monos bípedos que habitan un planeta insignificante ubicado en un rincón de una galaxia del montón no solo es errada sino que es tan absurdamente pueril que debería hacerles sonrojar tanto para que abandonaran de una vez por todas sus delirantes supersticiones.


Porque creer que los dioses poseen una infinita paciencia y una indestructible capacidad para no morir de aburrimiento al escuchar sin exterminar a esos idiotizados creyentes que día sí y día también lanzan al infinito esa estomagante letanía de cobardes y patéticos ruegos:

* ¡Señor mío! haz que el zoquete de mi hijo apruebe esa asignatura de matemáticas que lleva tripitiendo desde hace años (aunque mejor sería que hubiera estudiado en lugar de perder el tiempo salmodiando de rodillas),

* ¡Dios mío! cúrame el SIDA o las siempre molestas hemorroides (que lo mismo si ese dios misericordioso no hubiera creado a los patógenos o nos hubiera diseñado un poco menos chapuceramente se podría haber ahorrado todas estas peticiones y ya de paso el inmenso sufrimiento que conllevan),

* ¡Virgen santa! salva por favor a mi familiar enfermo terminal de ese terrible cáncer que la divinidad en su infinita malevolencia ha diseñado tan eficientemente   

y así sucesivamente con el resto de las patéticamente egoístas solicitudes de semideficientes mentales que son incapaces de asumir la realidad y enfrentarse a los azares de la vida como verdaderos adultos. 

Pero cuando queda más en evidencia este delirantemente absurdo comportamiento religioso, que está a la altura del “razonamiento” de un nene de 5 años, es cuando el creyente abandona todo pudor y como ese niño malcriado y voluble que siempre será ruega a su divino hacedor por más absurdos caprichos.

Y el ejemplo más claro se da en el deporte, porque son patéticamente risibles esas imágenes tan comunes en los piadosos EEUU de Norteamérica (pero no sólo) de atletas multimillonarios arrodillados en medio del estadio pidiendo a su dios (generalmente el judeocristiano en cualquiera de sus variantes) fuerza y ayuda para ganar el partido contra otros cristianos tan estúpidos como ellos que visten de otro color y así poder negociar al alza sus ya agraviantes contratos económicos.

 
 
Algo que evidentemente entra dentro del juego sucio porque están intentando recibir ayuda de fuera del campo y a la vista de todo el mundo (puesto que solicitan superpoderes o milagros), hecho que los responsables de las respectivas ligas de sus deportes deberían tener en cuenta y multarlos a todos sin excepción por intentar amañar los partidos con la ayuda de entes extraterrestres. 
 
Y ya el colmo del ridículo es cuando los enfervorecidos pero también piadosos hinchas de un club de fútbol rezan y sobre todo piensan que su diosecillo atiende sus plegarias para que este domingo su equipo gane a los odiosos rivales.  

Porque quizás no haya nada más ofensivamente ignorante que creer que tu dios te ayuda a ganar la SuperBowl o la Copa de Europa mientras deja morir de hambre a unos niños en África o de terribles y a otros infantes también de lentas agonías en las unidades de Oncología Pediátricas de los hospitales.  

Pero ¿que se le va a hacer? sólo la religión puede obrar el increíble milagro de convertir a patéticos semideficientes mentales en personas dignas de admiración y respeto.

 

 

 

 

 

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