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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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14 de diciembre de 2015

¡Ojalá hubiera más niños racionalistas en el mundo!


Una de los mayores engaños y de las más terribles estafas es cuando se enseña a un niño que rezar tiene alguna validez. Pero a veces, cuando un niño está verdaderamente educado en el racionalismo es capaz de mostrar en todo su patético esplendor las vergüenzas de todos esos simples de mente, analfabetos sumisos y humillados iletrados que cumplen a rajatabla con el dicho de que 

"No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta."

Así una madre relata esta divertida, pero también muy profunda anécdota sobre ateísmo y racionalismo, que muestra descarnadamente la profunda idiocia tras la que se esconden los creyentes:

"Mi gata necesitaba antibióticos y nos dijeron que también podría necesitar cirugía. Mis hijos estaban llorando y la veterinaria les dijo que si rezaban muy intensamente todo iría bien. Mi hijo de 5 años la miró y dijo: ‘Nosotros no rezamos. Sólo tienes que hacer tu trabajo’. Nunca me he reído tanto en mi vida."

Es una pena que, en este mundo lleno de cámaras y móviles con grabación no se hubiera inmortalizado el suceso y la previsible cara de la estúpida veterinaria que, lejos de realizar con profesionalidad su trabajo, se escondía patética y cobardemente tras las siempre tan a mano excusas religiosas.


¡Ojalá hubiera más padres racionalistas en el mundo que supieran educar de verdad, sin engaños ni mentiras a unos niños cada vez más necesitados de honradez intelectual! porque quizás uno de los principales derechos de la infancia consiste en recibir una educación veraz y fidedigna, lo más alejada posible de esas terrible supersticiones que tanto daño han hecho a la humanidad a lo largo de su ya dilatado devenir.


2 comentarios:

  1. Otra anécdota de un niño racionalista. Ocurrió a principios de los noventa en un colegio público español:

    La profesora explica al grupo de niños de seis años que, cuando mueren, las personas buenas van al cielo. Todos los alumnos callan, menos un crío que pregunta sorprendido: “Profe ¿entonces los muertos vuelan? Yo nunca vi a ninguno”.

    A la buena mujer no le pareció oportuna la pregunta, así que llamó inmediatamente a los padres del insolente para quejarse de que su hijo rompía la marcha de la clase diciendo tonterías que “hacían reír a sus compañeros”.

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  2. La verdad es que con esos profesores no me extraña que superstición siga campando a sus anchas por este mundo.

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