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14 de agosto de 2013

Iglesias Pentecostales y serpientes venenosas: la mortal combinación del literalismo bíblico protestante en EEUU



Dentro del fanático mundo del protestantismo estadounidense pueden encontrarse las más alocadas prácticas religiosas capaces de desafiar cualquier tipo de lógica o razón. Pero quizás una de las más absurdas y peligrosas de estas innumerables variantes cristianas que interpretan de forma literal a la Biblia se da en lo más profundo del mundo rural del Sudeste de los EEUU.

En EEUU las iglesias pentescostales (con millones de seguidores en todo el país) interpretan de forma literal la Biblia de tal manera que creen en la pervivencia actual de todos y cada uno de los milagros descritos en el Antiguo Testamento, por lo que entonces sus adeptos creen por ejemplo en la vigencia de la sanación por fe o afirman que

"la práctica de hablar lenguas desconocidas en sus momentos de éxtasis espiritual se produce por voluntad del Espíritu Santo, y que las personas que viven dicha experiencia pueden expresarse en lenguas angelicales o humanas que no les son propias, y pueden o no ser entendidas por aquellos que lo escuchan"

Por supuesto que si hablan en lenguas divinas (o más bien que producen un galimatías inconexo de sonidos cacofónicos bajo los efectos de sus delirios religiosos) no existe ser humano capaz de entender esta absurda jerigonza.

Y además existe una variante minoritaria de estos literalistas bíblicos que ha arraigado en las zonas más remotas e ignorantes de estados fundamentalistas como Alabama, Tennessee, Georgia o Kentucky capaces de seguir los más dementes pasajes de la Biblia. Así a principios del siglo XX, un tal George Went Hensley notó una falta de rigor religioso en su ya de por sí estricta y piadosa comunidad de fanáticos cristianos e interpretando literalmente un oscuro pasaje del Evangelio de Marcos

"Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas. Tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; pondrán las manos sobre los enfermos y ellos se recuperarán"

entendió en su vehemente locura que los verdaderos cristianos al ser los elegidos por el Espíritu Santo eran capaces de manipular serpientes venenosas sin ningún tipo de daño. Y aunque él mismo murió posteriormente por la mordedura de una serpiente delante de sus propios fieles en mitad de un sermón (señal de que quizás no era tan piadoso creyente como él suponía) el mal estaba hecho y diversas pequeñas congregaciones se han ido extendiendo por todo el Cinturón de la Biblia estadounidense propagando esta absurda y peligrosa práctica hasta nuestros días, liturgia absurda y suicida que se va cobrando el tributo de la muerte de algún demente predicador de vez en cuando. Así a finales de los años 40 del siglo pasado cinco predicadores murieron en directo en diversas iglesias del estado de Tennessee. ¡Hay! Qué difícil es mantenerse en la verdadera y cristiana fe. 

Pero quizás el caso más absurdamente recurrente de esta insana práctica fue la muerte en vivo y en directo en medio de sus respectivas actuaciones de los predicadores Wolford: el padre murió de mordedura de serpiente en 1983 y el hijo en 2012. Está claro que hay familias de piadosos creyentes que no saben cómo contentar a su amado pero a la vez irascible y rencoroso Padre Celestial y les pasa lo que les pasa. Ahora solo falta saber si la saga de los alucinados predicadores con serpientes Wolford continúa y el nieto sigue los siniestros pasos de sus antecesores y allá por el 2043 muere también manipulando serpientes venenosas.



Ahora se entiende porque esta creencia sigue siendo muy minoritaria en EEUU (país abonado a cualquier tipo de locura religiosa que cuanto más irracional sea más aceptación tiene) ya que se ve que nunca hay suficientes predicadores vivos que sean capaces de jugarse la vida cada domingo demostrando su inquebrantable fe en defensa de las demencias escritas por el evangelista Marcos.
 
En resumen, que este tipo de comportamientos refrendados bajo el todopoderoso paraguas de la inmunidad religiosa, me reafirman en mi idea de que la locura religiosa es una enfermedad mental más que debería estar incluida en los manuales de psiquiatría y que estos pobres enfermos deberían estar recluidos por su propio bien en instituciones psiquiátricas bajo una adecuada supervisión médica. Y en cambio ahí siguen desde sus intocables y respetados púlpitos pervirtiendo las simples mentes de los más ignorantes e influenciables miembros de nuestra especie. 



P.D.

National Geographic va a estrenar este otoño un documental sobre estos ignorantes, fanáticos y suicidas fundamentalistas religiosos que no olvidemos viven y mueren en EEUU y no en las lejanas montañas de Afganistán. Misterios de la locura humana.

3 comentarios:

  1. Una lástima que esos predicadores no se tomen literalmente el "y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño", sería bastante más efectivo que las serpientes.

    Un saludo y felicidades por el blog!

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  2. Por suerte es una creencia muy minoritaria, pero lo lamentable es que todavía haya gente que la siga practicando. ¡Ven en directo cómo mueren sus predicadores y aún siguen creyendo las palabras de éstos! ¡Es completamente absurdo!

    El artículo del Washington Post recoge lo que Wolford dijo sobre la muerte de su padre: "[...] murió por lo que él creía". Muy bien; me parece perfecto que esta gente dé su vida por su fe. Pero que no juegue con la vida de los demás.

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  3. Yo creo que este tipo de creencias debería practicarse más :P

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