Si ya has tratado en tu blog el tema de cualquiera de los artículos que lees aquí, te animo a dejar en la sección de comentarios un enlace o URL que nos lleve hacia él, siempre y cuando no sea para hacer proselitismo de la superstición en cualquiera de sus variantes. Todos ganamos con el intercambio fomentando la discusión racional.

No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

Red Atea

Red de blogs AteosMagufos, Blogs de escepticismo y ciencia

Buscar este blog

27 de julio de 2026

Porqué la superstición funciona o cómo justificar la ignorancia y el autoengaño mediante el mal uso del concepto de probabilidad

A
lo largo de los años, cualquier adulto mínimamente sensato y racional se ha ido encontrando por el senda de la vida con múltiples individuos, que justifican la veracidad de ese conjunto heterogéneo en la forma, pero idéntico en su estructura interna de las supersticiones: la homeopatía y el resto de pseudomedicinas, las sanaciones milagrosas y demás alucinaciones inventadas a lo largo de los siglos por estafadores de todo pelaje para tranquilizar las almas y aligerar los bolsillos del incalculable número de simples mentales que abarrotan nuestro ya superpoblado mundo. 
 
Y en la mayoría de los casos tras un corto intercambio de argumentos por ambas partes, el creyente intenta zanjar la discusión con la que parece ser la prueba definitiva. Y es ésta: 
"Pues a mí, o a mi vecino, o a mi primo de Cuenca, o a alguien que conozco o que me han comentado que vive en algún lugar ME (LE) HA FUNCIONADO la ... (sírvase poner el nombre de la respectiva superstición objeto de la discusión)"
Y tras ello cierran su mente (si es que en algún momento la han mantenido mínimamente abierta a los hechos o a los razonamientos) y cualquier posterior argumentación del oponente es considerada como una muestra ofensiva contra su persona o sus creencias.Y este razonamiento en principio impecable
Si alguien se ha curado con la "terapia X" entonces es que esa misma "terapia" puede ser efectiva y por tanto debe permitirse y hasta financiarse con cargo a los presupuestos del ministerio de sanidad 
encierra un importante conjunto de fallos del pensamiento lógico y del análisis crítico de la realidad, alguno de los cuales comentaré a continuación.
 
La especie humana y la gran mayoría (sino todas) de las animales tienen incorporadas en el cerebro el concepto de probabilidad, ya que sin él es imposible la supervivencia. Así por ejemplo en el medio salvaje la búsqueda de comida por parte de cualquier animal no suele ser algo absolutamente azaroso sino que dependiendo de diversos factores: la época del año, el entorno, su experiencia previa, etc el animal toma decisiones inconscientes sobre donde es más probable encontrar una fuente de alimento y hacia allí es donde suele dirigirse. Lo mismo hacemos los humanos todos los días, así sin necesidad de haber visto el pronóstico meteorológico o sin siquiera mirar por la ventana si tenemos mucha prisa antes de salir de casa podemos decidir coger o no el paraguas. Si estamos en otoño y ayer llovió, optar por llevar el paraguas es una buena idea y tendremos una alta probabilidad de acertar. Por el contrario a nadie se le ocurriría acarrear ese mismo artefacto un 15 de julio después de una noche sofocante de calor seco, aunque a veces las improvisadas tormentas de verano pueden llegar a ser torrenciales, pero asumimos que el riesgo es bajo y salimos de casa en sandalias. En estos ejemplos comentados hemos combinado nuestra experiencia con el concepto de probabilidad para tomar una decisión racional aunque a veces podamos equivocarnos. En este contexto, si viéramos a mucha gente paseando con paraguas y botas de agua durante el tórrido verano español pensaríamos que algún extraño fenómeno meteorológico (del cual nosotros no nos hemos enterado) está ocurriendo o que existe una epidemia contagiosa que afecta al raciocinio de nuestros convecinos. Por tanto, de forma similar deberíamos estar absolutamente extrañados por los comportamientos supersticiosos respecto a la salud que habitualmente reproducen millones de personas basados en un mal cálculo de la probabilidad. Un ejemplo de ello es el que ya comenté en una entrada ya algo antigua pero que sigue completamente vigente. 

Cientos o quizás miles de millones de personas ruegan o han rogado por ejemplo por una curación milagrosa. Si esto fuera como jugar a la lotería de vez en cuando no habría problema, casi con seguridad perdemos una cantidad ridícula de dinero pero tenemos la posibilidad de llegar a ser ricos. Sin embargo, cuando alguien quiere que su dios particular obre el milagro de sanar a un pariente aquejado de una grave enfermedad con un par de padrenuestros rezados cada año al tuntún y sin fe alguna no vale. Los dioses son celosos y como los niños malcriados necesitan toda la atención posible de sus acólitos. El solicitante por tanto, debe dedicar o eso nos dicen sus mediadores terrenales (rabinos, sacerdotes, predicadores varios, imanes, etc) ingentes cantidades de su tiempo, su esfuerzo y la mayoría de las veces su dinero en convencer a la irascible divinidad de turno de que se es merecedor de ese sagrado y altamente improbable milagro. Y como en realidad los dioses son muy rácanos en sus concesiones, pues a la larga la inmensísima mayoría de sus peticionarios (en el hipotético caso de que alguna curación milagrosa haya sido cierta) acaban defraudados después de largos años de peregrinajes a santuarios, procesiones, rogativas, rezos, humillaciones y demás parafernalia degradante y estéril y por supuesto con su familiar, amigo o ellos mismos en la misma o peor situación que la que se encontraba al inicio de la infructuosa negociación con el sujeto celestial. 

Algo similar ocurre con las pseudomedicinas. Para curar la grave enfermedad que nos aqueja, no sirve con tomar una o dos veces el compuesto homeopático o ir a una sesión de magnetoterapia o de Reiki por muy caros que éstos sean. Debemos cumplir rutinariamente con las indicaciones del "experto" y pagar las "medicinas alternativas", las sesiones mágicas y demás complementos muchas veces durante años, con la terrible posibilidad de abandonar tratamientos médicos válidos con el consiguiente perjuicio para la salud. Además como todas publicitan de igual y mentirosa manera sus supuestas bondades, no tenemos elementos de juicio adecuados para poder elegir racionalmente entre ellas, por lo que muchas personas acaban acudiendo a una amalgama aleatoria de ellas a lo largo de su enfermedad dependiendo de rumores, cuentos de patio de vecindad, recomendaciones de compañeros de trabajo o amigos que conocen a alguien que parece ser que se ha curado con tal o cual remedio alternativo. Así que si al final analizamos con rigor nuevamente el tiempo, el esfuerzo y el dinero invertido en estas terapias pseudomédicas llegaremos a la triste conclusión que únicamente se pueden calificar como estafas porque la curación no llega nunca y mientras tanto los supuestos "sanadores de lo natural" han obtenido un buen rendimiento económico que en algunos casos consiste en verdaderas fortunas con sus viejos pero eficaces trucos de feriante parlanchín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario