Los economistas neoliberales a sueldo de grandes
multinacionales, bancos y grupos de presión llevan décadas insistiendo machacona, pero
también mentirosamente, que los problemas del déficit público son debidos a que
los ciudadanos somos unos derrochadores y que la única solución consiste en
recortar y recortar los servicios públicos para que todos los países del mundo
acaben igualados a esas naciones del más sufrido Tercer Mundo, en donde impera
la ley de la selva y el “sálvese quien pueda”. Y sin embargo la realidad es
otra muy diferente: hay dinero de sobra para financiar los servicios públicos
de todo el mundo, siempre y cuando por supuesto todo el mundo pague los impuestos
que les corresponden.
Y así lo demostraron hace unos años tres investigadores en un artículo que mostraba la desfachatez criminal de los políticos a sueldo
de los grande capitales ya que resulta que si hicieran bien su trabajo, servir
a la comunidad, dedicarían sus esfuerzos a perseguir el fraude fiscal de los
megamillonarios, ese pequeñísimo 0,05% de la población que no sólo tiene nombre
y apellidos, sino que ocupan las portadas de todos los medios de comunicación
del mundo con sus “éxitos”, sus amores, sus mezquindades y sus excentricidades.
Ya que esa minúscula fracción de la población humana total, alrededor de unos
tres millones y medio de personas son los responsables de más de la mitad del
fraude fiscal y la evasión de impuestos producidos en el mundo, tal y como
muestra la siguiente figura extraída del estudio.
Es decir, que no resultaría tan difícil controlar los
ingresos de esos pocos individuos, siempre y cuando por supuesto existiese una
voluntad social y política para que contribuyeran al bien común en la medida de
sus posibilidades. El resto, es únicamente demagogia criminal que está enviando
a la exclusión social, al sufrimiento y a la muerte prematura a los ciudadanos
más desfavorecidos de esta sociedad global que por otra parte no carece de
recursos económicos.



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