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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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15 de octubre de 2011

Facturas informativas sanitarias

La medicina científica y las tecnologías sanitarias permiten evitar la muerte de cientos de millones de personas al año mediante cirugía avanzada, trasplantes de órganos, o la administración de vacunas y antibióticos por poner sólo algunos ejemplos relevantes. Además y al menos en el mundo desarrollado, multitud de defectos anatómicos y dolencias varias pueden ser corregidos mediante tratamientos tanto paliativos como curativos como pueden ser gafas, audífonos, medicación específica contra los síntomas, etc. de tal forma que cada vez vivimos en mejores condiciones de salud un mayor número de años de nuestras cada vez más longevas vidas. Y todo ello no es fruto de la casualidad o del destino. Muy al contrario, estos logros son el resultado del esfuerzo y del ingenio continuado a lo largo de los últimos siglos de diversas generaciones de científicos, ingenieros, personal sanitario, etc. que unas veces de forma aislada, genial y heroica y otras coordinadamente desde grupos de investigación básica en multitud de ramas del saber, pasando por la investigación aplicada tanto pública como privada acaba con el paso final de la puesta a disposición de la ciudadanía de un medicamento por las tan habitual e injustamente denostadas empresas farmacéuticas. Pero desgraciadamente y salvo en contadas excepciones en donde tras un tratamiento de una enfermedad grave o de una operación compleja en que el paciente o sus familiares felicitan al equipo médico por la recuperación del enfermo, la mayoría de las personas no son conscientes del enorme trabajo e ingenio desplegado por todos los especialistas, instituciones y empresas antes mencionados para curar o mitigar su dolencia particular sea de la gravedad que sea. Por el contrario, es muy frecuente que muchas personas agradezcan la supervivencia o la mejoría de una enfermedad a un conjunto heterogéneo de supersticiones: el destino, la buena suerte, los ángeles, los santos o la innumerable caterva de dioses que la fértil y ociosa imaginación de los simples ha ido construyendo a lo largo de siglos de ignorancia y debilidad mental. Por ello y ahora que se está empezando a poner de moda la emisión de las llamadas factura sanitarias informativas, en donde se desglosa el costo de una hospitalización, sería muy aconsejable que tras cualquier tratamiento médico, se emitieran unas notas informativas en las que se detallara el conjunto de descubrimientos científicos e invenciones tecnológicas utilizados en la curación de cada dolencia.  Ello pondría en valor a los verdaderos artífices de la "milagrosa" sanación.
Además y para el caso de aquellos tratamientos que no finalizan con éxito, ya que todavía no se conoce la cura para una determinada enfermedad mortal, sería muy conveniente repartir entre los afligidos familiares una nota del tipo de la siguiente:

Desde el estamento biosanitario al completo lamentamos profundamente que con los conocimientos científicos y las tecnologías actuales no haber podido curar a su familiar enfermo. Sin embargo pensamos objetivamente que 

1.- Si los millones de adivinos, brujos, nigromantes, videntes, curas, monjas, rabinos, ulemas, ayatolas, sacerdotes, monjes varios, obispos, espiritistas, arzobispos, popes, santones, patriarcas y demás adoradores de los diversos cultos que han poblado y todavía pueblan el mundo, hubieran estudiado ciencia en lugar de dedicar todos sus esfuerzos y vidas en averiguar si a su dios particular le gusta o le disgusta la carne de vaca o de cerdo, cual es el sexo de los ángeles y otra multitud de menudencias similares y

2.- Si los billones de euros que la humanidad ha dedicado en enaltecer y sobornar a la miríada de ególatras dioses inventados mediante la construcción de iglesias, pagodas, mezquitas, sinagogas y templos diversos y todo el derroche añadido que ello conlleva: oro, piedras preciosas, sedas, mármoles, etc, etc, etc, se hubieran dedicado a promover el conocimiento científico y el estudio de la naturaleza

MUY PROBABLEMENTE a día de hoy hubiéramos dispuesto de un tratamiento efectivo para la dolencia que desgraciadamente acabó con la vida de su querido familiar.

Atentamente

La Ciencia

3 comentarios:

  1. Ahora resulta que la ciencia es el dios de todas las cosas. Ahora resulta que la investigación es benévola de por si y el común de los mortales que no son médicos, ni enfermeros, ni científicos, solo tenemos ojos para abrirlos de par en par en admiración. Resulta también que la ciencia no se mueve por intereses económicos,que no se utiliza a pacientes como auténticos conejillos de indias y que al parecer lo que te diga un médico, por ser parte de esa élite que trabaja de sol a sol por el bien de la humanidad, te lo tienes que creer a pies juntillas. Por lo visto no se acometió en toda la historia ni una sola aberración en nombre de la ciencia.

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  2. Marta si a lo mejor tienes razón y la ciencia no vale para nada. Pues nada intenta volver a vivir como cuando la ciencia no existía: con una esperanza de vida de 30 años (eso si no te morías antes en cualquiera de los múltiples partos a los que estarías expuesta porque de anticonceptivos y ginecología nada de nada), rezando al dios de tu elección para que tus hijos no murieran con la primera y miserable infección que cogieran, comiendo alimentos llenos de patógenos (eso cuando las sequías y plagas dejaran algo para comer). Vamos como en cualquier país actual del tercer mundo o como en la Europa de hace unos siglos. Ah, por cierto y olvídate de la electricidad, de la TV, de internet, de la lavadora y de los miles de inventos que te hacen posible llevar una vida cómoda, segura y soportable. En resumen, que asco de ciencia. ¿O no?

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