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7 de noviembre de 2010

Creacionismo, diseño inteligente y evolución

Acabo de ver un interesante documental de la BBC titulado La ciencia en duda en el que se trata el tema de la “controversia” entre Teoría de la Evolución y la mal llamada “Teoría del Diseño Inteligente”. He puesto tantas comillas porque como científico estoy completamente de acuerdo con el zoólogo Richard Dawkins en que en realidad dentro de la comunidad científica no existe ninguna duda de que la actual versión neodarwiniana de la selección natural es correcta. Por el contrario el mal llamado diseño inteligente no es una teoría científica porque lo único que propone es que si existe algún fenómeno que no está perfectamente explicado por la Teoría de Darwin entonces tiene que haber sido diseñado por alguna entidad inteligente superior. Por supuesto en esta “teoría” no se intenta explicar cómo dicho ser superior realiza dichas proezas ni tampoco de donde ha salido o cuáles son las pruebas de la existencia de esa maravillosa entidad.  En resumen la grandilocuente “Teoría del diseño inteligente” se encuentra al mismo nivel científico que otras conocidas teorías como la del Ratoncito Pérez, que de forma también misteriosa y maravillosa es capaz de saber cuando a un niño se le ha caído un diente de leche, llegar a su habitación y cambiar dicha pieza dental por dinero todo ello sin que nadie de la durmiente familia se entere aunque en la casa existan sistemas de detección de intrusos.
En el documental se entrevista a los defensores que abanderan la causa sobrenatural siendo su principal exponente el bioquímico Michael Behe que formuló la rimbombante hipótesis de la complejidad irreductible. Según él, existen ciertos sistemas biológicos que son demasiados complejos para ser explicados adecuadamente por selección natural y que por tanto son resultado de diseño inteligente. Como se puede observar es el mismo falaz argumento que llevan utilizando todos los creyentes desde el origen de las religiones: aquello que desconozco ha sido creado por un dios. Inicialmente como todo era incompresible para la mente humana de la prehistoria apareció el animismo, después cuando las explicaciones racionales y científicas fueron explicando diversos fenómenos de la naturaleza dichos dioses fueron desapareciendo. ¿O es que hay alguien sensato que todavía cree en el dios del trueno? En resumen el argumento de M. Behe es llamar dios a la ignorancia sólo que con una pátina pseudocientífica. Para ello ha elegido como sistema biológico irreductible el flagelo bacteriano. Lo increíble del caso es que ese mismo argumento fue ya previamente utilizado por otros creyentes respecto a la formación del ojo de los mamíferos superiores. Este órgano también era hace algunos años irreductible para los religiosos y parecía demostrar que la evolución no explicaba su formación. A lo largo de los años la información acerca de los ojos desde los más simples a los complejos en distintos organismos de toda la escala filogenética muestra  que existen cambios adaptativos graduales tal y como predice la Teoría de la Evolución. Un vídeo ilustrativo de este proceso se encuentra disponible en la web.




Así entonces los pseudocientíficos religiosos buscaron y buscaron algún otro ejemplo hasta encontrar el santo grial de sus creencias. Ahí entra Behe con su famoso flagelo bacteriano. Por supuesto en cuanto se presentó como hipotética prueba del designio divino sin explicación materialista algunos investigadores se pusieron a estudiar el famoso problema irresoluble para la ciencia y tiempo después se encontró, como no podía ser de otra forma, una explicación evolutiva basada en la funcionalidad de sus partes a través de diferentes organismos. Existe un video que he sacado del blog La ciencia y sus demonios en donde se explica gráficamente dicho proceso evolutivo.


Por supuesto los defensores del creacionismo en cualquiera de sus formas nunca presentan sus increíbles hallazgos en revistas científicas o congresos y cuando son refutados tampoco admiten su error, porque han conseguido su objetivo que es crear una polémica ficticia y mantener engañados durante el mayor tiempo posible a los pobres incautos que se creen su palabrería vacía. Muy probablemente ya estarán buscando otro mecanismo biológico que todavía se encuentre poco estudiado para lanzar a través de sus múltiples medios de comunicación la buena nueva de que ahora sí por fin han encontrado el dato científico que destruye al evolucionismo. No entienden que cuando una teoría científica es adoptada por la comunidad de investigadores es que tiene un conjunto abrumador de pruebas experimentales que la sustentan y que lo que suele ocurrir con el paso del tiempo es que se perfecciona con los nuevos conocimientos. Así ha sido por ejemplo con la Teoría heliocéntrica demostrada por Copérnico. En la actualidad sabemos muchísimas más cosas sobre el Universo que cuando fue formulada en el siglo XVI pero aún sigue siendo válida. Otro ejemplo es la Teoría newtoniana de 1685 que sigue siendo válida para velocidades bajas y únicamente cuando nos aproximamos a la velocidad de la luz es entonces necesario utilizar la Teoría de la Relatividad General formulada por Einstein. El mismo proceso parece estar ocurriendo ahora en Biología. Así la nueva Teoría de la Simbiogénesis explicaría el origen de la célula eucariota sin necesidad de suponer pequeños pasos evolutivos al estilo darwiniano clásico pero con la selección natural todavía como fuerza de cribado final. En todos estos cambios o modificaciones de paradigma, la ciencia va formulando teorías cada vez más completas que aunque algunas veces refuten o modifiquen teorías previas, en todos los casos siempre se van alejando cada vez más de los mitos religiosos de cualquier cultura, empequeñeciendo poco a poco pero de manera constante el ámbito de acción de las distintas deidades adoradas por las diferentes culturas humanas.

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