Y el caso más paradigmático es el del papa católico, que año tras año y siempre de manera incansable reza, reza y reza todos los años durante la Pascua cristiana por la paz en el mundo, con el consabido e inevitable resultado de que nadie nunca hace caso a sus infantiles plegarias.
Y ese papa católico, un individuo que supuestamente tiene línea directa con la divinidad, nunca se pregunta por qué sus inanes rezos jamás son escuchados y mucho menos correspondidos.
Pero ese el gran problema de la religión, que consigue que individuos en principio normales se comporten como semideficientes mentales profundos incapaces de extraer la más mínima conclusión lógica sobre la diferencia entre realidad y sus deseos y sus actos, ya que siempre esperan que su amigo imaginario venga en su rescate mientras ellos no hacen nada más que perder el tiempo de hinojos, cerrando los ojos y apretando fuertemente sus manos entrelazadas como si eso pudiera alguna vez servir de algo salvo el conseguir un merecido dolor de rodillas.



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