Porque resulta que Dios y Satanás son archienemigos y el Diablo quiere que cuantos más pequen, más súbditos tendrá. Y resulta que cuando somos juzgados por Dios, los que han hecho caso al Maligno terminan en el Infierno.
Entonces ¿por qué narices va a torturar Satán a sus más leales servidores, solo para complacer a su enemigo cuando es evidente que ateos, pecadores irredentos y creyentes en el resto de las religiones han realizado magníficamente la labor del Maligno?
Es por ello que de existir un Diablo que reinara sobre algún lugar cada nueva alma que llegara a sus dominios sería recompensada, aunque solo fuera para ver rabiar por toda la eternidad a la siempre colérica zarza ardiente, tal y como muy divertidamente lo cuenta Jim Jefferies en el siguiente video.
Pero claro, es más que evidente que a los religiosos, en su casi infinita ignorancia y estupidez, no se les puede pedir que usen de manera mínimamente correcta esa maravillosa herramienta que nos ha regalado la selección natural llamada raciocinio.



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