Así, todo el idiotizado rebaño de creyentes afirma (sin prueba alguna ¡que pereza!) que todo el vasto Cosmos que nos rodea fue creado por un ser atemporal, omnisciente y todopoderoso que luego al final necesita como un niño de 5 años nuestra atención constante en forma de rezos, alabanzas, construcción de templos varios y manutención de sus más serviles lacayos con alzacuellos o similar.
Además dedica todo su tiempo a escrutar (como un miserable mirón) lo que comemos, como vestimos y sobre todo con quién y cómo fornicamos y cuando los humanos no cumplimos sus esperanzas y deseos más absurdos, pues como cualquier psicópata homicida nos envía en vida plagas y enfermedades varias a cual más siniestramente diseñadas y luego, tras nuestra muerte nos manda a un infinito tormento de dolor, sufrimiento y horror en las Calderas de Pero Botero. Pero eso sí, que quede meridianamente claro que ese psicopático ególatra celestial es todo amor hacia su criatura más querida: los monos bípedos y cabezones.
Y lo peor de todo es que debemos escuchar con la máxima humildad y rendir arrobada pleitesía a todos aquellos mediadores de lo divino que difunden este tipo de enfermizas sandeces, en lugar de enviarles rápida y directamente al frenopático más cercano, primero por su propia salud mental y luego por la tranquilidad de todos aquellos que tenemos la cabeza para algo más que llevar estúpidos gorritos de carnaval.



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