El conocimiento científico, con su casi exponencial crecimiento,
va despojando tranquila pero inexorablemente de toda validez y de toda posible conexión
con la realidad de la Religión. Y así los creyentes menos iletrados van
recortando citas, pasajes y hasta páginas enteras de los libros sagrados a
medida que la Ciencia demuestra inequívocamente cada uno de sus casi infinitos
errores, fallos totalmente previsibles cuando todos estos libros “revelados”
fueron en realidad escrito por profetas básicamente analfabetos y cuasi
dementes.
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