Lejos de la mentirosa propaganda cristiana solo hay que leer
la biblia para llegar a la inexcusable conclusión de que el dios al que adoran
los cristianos no es para nada benevolente sino que rezuma egoísmo, envidia y
prepotencia con un comportamiento que no se diferencia en nada de los
maltratadores y de los peores psicópatas.
Algo que debería convertir instantáneamente
a los creyentes en seres racionales, teniendo en cuenta que quienes escribieron este delirante y horroroso libro fueron profetas homófobos, sexistas, racistas e intolerante en grado sumo.
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