Las mejores mentes de la Cristiandad llevan milenios enredándose en oscuros arcanos de un libro que no es más que un compendio de
deseos y alucinaciones de ignorantes de tiempos más que remotos.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
Aunque desde hace milenios todas las religiones afirman (sin prueba alguna por cierto) que los humanos somos los elegidos por la(s) supuesta(s) divinidad(es) inventadas por cada cultura, la más mínima reflexión racionalista basada en el estudio de la Naturaleza permite concluir que los supuestos sapiens solo somos una especie más (ni más importante o relevante que el resto) que habitualmente es superada en «diseño» por otras muchas.