El gran problema de la religión es decidir a cuál de la innumerable infinidad de deidades inventadas por la siempre delirante imaginación humana es adecuado rendir humilde pleitesía.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
El gran problema de la religión es decidir a cuál de la innumerable infinidad de deidades inventadas por la siempre delirante imaginación humana es adecuado rendir humilde pleitesía.