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No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

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10 de enero de 2026

Los cristianos siempre con su estúpida pregunta

Hay una pregunta que tarde o temprano siempre sale en cualquier tipo de diálogo o debate con los creyentes, porque ellos en su infinita ignorancia de los procesos mentales y de los aplastantes descubrimientos en antropología, psicología y neurociencia no son capaces de aceptar la realidad: que los dioses en general y la religión en particular son simplemente estructuras mentales derivadas de fallos en los procesos lógicos de nuestro cerebro.

2 de agosto de 2019

En España ya hay más personas irreligiosas que católicos


El mito de la España católica es cada vez más irreal, puesto que todas las estadísticas indican que los católicos son una más que exigua minoría, que además disminuye con el paso del tiempo.

16 de noviembre de 2018

15 de mayo de 2017

El tren de la Humanidad



El más que irónico y blasfemo Jim Jefferies (por cierto ¿cuándo tendremos alguien similar en castellano?) nos muestra la parábola de una humanidad como un tren hacia el futuro en donde hay tres vagones: unos pocos en el primer vagón tiran del tren mientras que los del segundo viven en una perpetua y absurda duda, y finalmente los del tercer vagón, los más abundantes son unos miles de millones de descerebrados que lo ralentizan.

26 de enero de 2015

La mayoría de los cristianos ingleses son en realidad agnósticos

La única obligación e identidad real que tienen las personas religiosas es creer en la existencia de su dios particular y resulta que la inmensa mayoría de los cristianos ingleses no son capaces de cumplirla.

6 de julio de 2012

Reflexión sobre el agnosticismo


En un reciente artículo publicado en el diario Público, el filósofo Augusto Klappenbach hacía referencia al eterno dilema de la existencia divina con las siguientes palabras en defensa de su postura agnóstica personal
“Quienes somos agnósticos renunciamos a responder la pregunta de Leibniz. Me parece tan irracional la pretensión de demostrar científica o filosóficamente la existencia de Dios como la de probar su inexistencia. El ateísmo es absolutamente respetable como creencia basada en una actitud vital, pero insostenible como afirmación científicamente demostrable. Creo que lo máximo a que puede llegar nuestra limitada razón humana es a un ilustrado agnosticismo, compatible, eso sí, con creencias y apuestas intelectuales de todo tipo.”
Personalmente nunca he entendido este tipo de neutralidad, sobre todo cuando de asuntos relevantes que afectan a la realidad o a la percepción de la misma se trata. Pero es que esta argumentación en principio tan teóricamente equidistante, en realidad destila un fuerte olor a religión monoteísta y esta visión agnóstica está totalmente contaminada por la teología cristiana. Me explico. El Sr Klappenbach reduce el problema del teísmo a una única ecuación. La existencia o no de Dios. Por su nacionalidad (hispano-argentina), por su cultura (católico romana) y por la referencia a Leibniz tiende a simplificar ese dios en un ente claramente judeo-cristiano. Por tanto dentro de su aparente neutralidad ha acotado subjetivamente la divinidad y entonces ha eliminado de facto la miríada de dioses inventados por las fértiles y alucinadas cabezas de dementes y embaucadores de toda época pero eso sí pertenecientes a otras culturas. Porque yo no le supongo al Sr Klappenbach tan ecuánime, equilibrado y dubitativo en cuanto a la posible existencia real de Zeus, Thor o Huitzilopochtli por poner algunos ejemplos. O ya puestos, imagino que tampoco es capaz de argumentar de forma seria que carece de elementos de juicio válidos y suficientes sobre la existencia o no de Papa Noel, las hadas, los elfos o los duendes y que por tanto él en su estricto e ilustrado agnosticismo deba limitarse a no plantear la cuestión y vivir en una perpetua duda sobre la realidad de dichos personajes.


¿Entonces por qué privilegia al dios cristiano con ese agnosticismo? Si ha desechado sin pensar siquiera a Shiva, Viracocha, Anubis, Poseidón, Mitra o el Gran Espagueti Volador, ¿por qué no puede dar un paso lógico más y añadir el dios judeocristiano al innumerable panteón de alucinaciones colectivas del privilegiado cerebro de nuestra especie?    
Además, nuestro filósofo parece no darse cuenta que las mitologías urdidas por los diferentes débiles mentales a lo largo de nuestra dilatada historia son absolutamente contradictorias entre sí y si Alá es real entonces Visnú es ficticio. Si Manitú existe, entonces el dios cristiano es una invención y así sucesivamente. Pero claro es siempre muy difícil descartar al dios dominante de la cultura en la que hemos sido educados y por lo tanto, al final el agnosticismo no es en realidad más que el mantenimiento (un tanto cobarde) de los lazos afectivos con el absurdo diosecillo de nuestra infancia.

2 de junio de 2011

Científicos ateos en Estados Unidos

En el ya un poco lejano 1998 se presentó un estudio sobre religiosidad entre la comunidad científica norteamericana en la prestigiosa revista Nature. Este estudio comenzaba como es habitual en cualquier comunicación científica con algunos antecedentes previos. Así se indicaba que en 1916 se preguntó a 1000 científicos de EEUU elegidos al azar sobre su grado de religiosidad y un muy llamativo 58% de los mismos indicó su incredulidad o sus dudas acerca de la existencia de un dios al estilo de los monoteístas.  Además cuando seleccionó al subconjunto de los mejores científicos entre el total, el porcentaje de irreligiosos aumentó a un impresionante 70%. Recordemos que era principios de siglo en la religiosa Norteamérica, en donde muy probablemente los pocos ciudadanos normales ateos o agnósticos que pudieran existir estaban escondidos en catacumbas o similar. Esto da ya una idea muy clara de que la religiosidad es un fenómeno claramente asociado a la ignorancia. Los mismos autores repitieron sus preguntas a científicos en 1934, es decir casi 20 años después y como no podía ser de otra forma los porcentajes de irreligiosos habían aumentado al 67% del total de científicos y al 85% de los considerados mejores investigadores.
Los autores del estudio de 1998 compararon estos datos con los que ellos obtuvieron preguntando a científicos pertenecientes a la Academia de Ciencias de EEUU, es decir científicos también de élite. La siguiente tabla resume las comparaciones indicadas en porcentaje:

Dios personal
1914
1933
1998
Creencia
28
15
7
No Creencia
53
68
72
Duda o agnosticismo
21
17
21




Inmortalidad  humana
1914
1933
1998
Creencia
35
18
8
No Creencia
25
53
77
Duda o agnosticismo
44
29
23


Como se puede observar mientras que el porcentaje de agnósticos se mantiene constante con los años existe un claro aumento de ateos parejo a una disminución de creyentes de tal forma que en 1998 los científicos religiosos eran ya una especie en extinción dentro de la Academia de Ciencias de EEUU. Cuando a estos mismos científicos se les preguntó sobre la posibilidad del alma inmortal, aunque los porcentajes estaban más igualados a principios del siglo XX, el resultado final en 1998 es similar al obtenido con la pregunta sobre Dios. Sólo una exigua minoría del 8% cree en la inmortalidad del alma.
Cuando en la encuesta de 1998 se separaron los datos por ramas del saber, los menos irreligiosos fueron los matemáticos en donde un 15% aceptaban la existencia de dios y del alma. Como no podía ser de otra forma los estudiosos de la biología con un exiguo 5-7% de creyentes fueron los más ateos mientras que físicos y astrónomos se mantenían en la media de 7-8% de personas religiosas.
Esta clara diferencia entre una abrumadora mayoría de científicos de prestigio ateos y una sociedad como la norteamericana en donde la religiosidad impregna toda la vida social muestra muy evidentemente que la creencia en un dios todopoderoso que pierde su infinito tiempo en escrutar la conducta de sus seguidores y atender sus patéticas súplicas es simplemente un rescoldo de ignorancia y narcisismo de mentes irreflexivas.

En resumen