A estas alturas del siglo
XXI nadie puede sorprenderse de las casi infinitas formas que tiene el cerebro
humano de engañarse con todo tipo de supersticiones. Pero lo que es más llamativo
es que estúpidos ignorantes católicos adviertan de los peligros del mundo
espiritual en el caso más paradigmático de ese viejo dicho castellano de ver la
paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.





















