Quizás no haya criminal más miserablemente desalmado que aquel que deja morir a su propio hijo por su arrogante analfabetismo, tal y como ha pasado recientemente en Italia.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
Quizás no haya criminal más miserablemente desalmado que aquel que deja morir a su propio hijo por su arrogante analfabetismo, tal y como ha pasado recientemente en Italia.