
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


Habitualmente los creyentes pueden hacer y deshacer a su antojo, humillar, insultar y profanar la memoria de vivos y muertos sin ningún remordimiento (puesto que tienen a dios de su lado) y también sin ninguna repercusión legal.
En la actual pandemia es muy peligroso negarse a la vacunación. Y los religiosos, que creen que su inexistente deidad se preocupa por sus patéticas vidas, tienen todas las papeletas para terminar siendo alimento de los gusanos, tal y como acaba de ocurrir en los EEUU.
Dentro de la delirante e infantil mentalidad cristiana, los creyentes nunca son responsables de sus actos, porque son tentados por el Maligno.
Cuando se reúnen un fanático telepredicador y un conspiranoico a compartir “argumentos” el despropósito puede alcanzar cotas inimaginables tal y como ha ocurrido recientemente en los siempre particulares EEUU.
Si por estos lares ya sospechábamos que al absurdo terceto celestial le gustaba de rodearse de pederastas, ya que no hace falta escarbar mucho para encontrar los altares y los confesionarios administrados por asquerosos violadores de niños, la prueba definitiva nos viene como siempre de los muy particulares EEUU.
Habitualmente los religiosos pueden hacer y deshacer a su antojo, humillar, insultar y profanar la memoria de vivos y muertos sin ningún remordimiento (puesto que tienen a dios de su lado) y también sin ninguna repercusión legal.
Cuando medio mundo suplica por un tratamiento contra la COVID-19 y millares de científicos se afanan en inventar fármacos y vacunas que acaben con la pesadilla de la pandemia, resulta que un telepredicador de esos dementes que sólo puede dar los tan particulares EEUU dice tener la cura definitiva.
Por mucho que se empeñen los creyentes en pedir e incluso afirmar que tienen el favor divino, la realidad es que la pandemia coronaviral está matando a innumerables piadosos de todo el mundo.
Los siempre particulares EEUU nos muestran de la manera más
palpable que los verdaderos cristianos no sólo están como un cencerro, sino que
en estos tiempos de pandemia son un peligro para el resto de la ciudadanía; y por
el bien y la salud públicas, deberían ser responsables de sus actos ante la
justicia.
No pasa un día en que varios de esos autoproclamados mediadores de la divinidad (judeocristiana por supuesto, que los otros dioses sabemos que son engaños del Maligno para confundir a impíos) no den rienda suelta a su desvarío particular. Y ahora con la actual pandemia coronaviral están más que desatados en su locura.
La caverna cristiano-fascista estadounidense no da crédito a
los resultados electorales porque si no ha ganado Trump, el elegido por la
zarza colérica ¿qué ha podido pasar?
Dentro del disparatado mundo de la religión, los EEUU son el
país occidental que más presencia (y ruido mediático) tiene de fundamentalistas
cristianos de todo pelaje. Y siempre aparece alguno con una estupidez mayor
(aunque después de dos milenios de desidia intelectual pudiera parecer
imposible) que la anterior.
Si la cordura escasea en condiciones normales entre el
rebaño cristiano, las próximas elecciones en EEUU han desatado hasta límites
casi inimaginables la alucinada estulticia de muchos “líderes” cristianos.
Un pastor cristiano de esos que abundan en los siempre tan particulares EEUU de Norteamérica no se anda con rodeos y tiene muy claro los orígenes y lo que habría que hacer con Hillary Clinton.