Por mucho que “argumenten” los cristianos, la absoluta falta
de pruebas reales de la supuesta existencia del nazareno demente permite
asegurar más allá de toda duda razonable (como dicen en los dramas judiciales
estadounidenses) que todo esto fue tan solo la disparatada invención de proselitistas grecocristianos
sobre una más que endeble base histórica, probablemente sobre dispersos hechos
protagonizados por varios profetas dementes de esos que tanto abundaban en la
reseca tierra palestina de los años previos a la era común.






