El alcalde de Nueva York ha sido lo suficientemente claro: es un criminal de guerra que no desmerece nada a los genocidas nazis y que como ellos debería estar sentado en el banquillo frente a la Corte Penal Internacional.
No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.
El artista chileno Nicolás Miranda supo plasmar como nadie en el Museo de Cera de Madrid a esos carniceros y lameculos que desde la política hispana rinden sumisa pleitesía al nuevo dictador del imperio norteamericano.