Uno de los grandes peligros de los avances científico-tecnológicos es que pueden dejar obsoletos los mecanismos de control y hasta las mismísimas leyes que permiten la convivencia de la sociedad y la misma democracia. Y estos riesgos, lejos de ser unos futuribles de la ciencia ficción, muy desgraciadamente ya se han convertido en una peligrosa realidad.






