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12 de agosto de 2026

Las creencias como combustible para la esquizofrenia

Aunque la relación entre religión y la gravedad de los síntomas en la esquizofrenia es actualmente una de las áreas más complejas de la psiquiatría clínica porque a la vez la religión puede actuar como un factor protector que facilita que el paciente pueda recibir apoyo de su congregación, muchas veces actúa como un catalizador que incrementa la gravedad del cuadro clínico.

 Y esto es así por tres factores principales:

·  Delirios místicos asociados a la esquizofrenia: Entre un 20% y un 60% de los pacientes experimenta delirios de contenido religioso. Esto incluye creer que se es un profeta, que se tiene una misión divina o que se está poseído por demonios [1, 2]. Y claro si se mezcla enfermedad mental con la siempre omnipresente intransigencia religiosa que todo lo explica por la interacción con el mundo supernatural pues el problema se complica.

·  Mayor severidad clínica: Además diversos estudios demuestran que los pacientes con delirios religiosos suelen presentar un cuadro clínico más grave. Esto se traduce en alucinaciones auditivas más persistentes y una mayor resistencia a aceptar el diagnóstico médico [1, 2], porque es evidente que si se “sabe” que la enfermedad no es un problema fisiológico del cerebro, sino resultado de la interacción con el Mal en todas sus variantes, desde la presencia directa de Satán o de cualquiera de sus lacayos infernales pues el paciente se siente reafirmado en su cordura y sin tratamiento adecuado por parte de la moderna medicina científica la gravedad de la enfermedad se agrava sin remedio.

·  Riesgo de conductas extremas: En casos agudos, las ideas de castigo divino o la interpretación literal de mandatos espirituales autoinducidos incrementan el riesgo de daño físico (hacia sí mismo o hacia los demás) o conductas desorganizadas graves [1].

Todo lo cual es más que predecible, ya que cuando una persona habla con la virgen adúltera o con el dios elefante sus familiares, amigos y conocidos, lejos de preocuparse por su estado de salud mental, tienden a considerarlo un elegido por la divinidad y por ello permiten que su enfermedad psiquiátrica se agrave antes de empezar a recibir tratamiento profesional adecuado, e incluso muchas veces esos pobres desgraciados son elevados a los altares sin que nadie en su entorno haya siquiera imaginado que el reverenciado santón, lama o profeta no era más que un pobre enfermo necesitado de cuidados médicos. 

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