Si ya has tratado en tu blog el tema de cualquiera de los artículos que lees aquí, te animo a dejar en la sección de comentarios un enlace o URL que nos lleve hacia él, siempre y cuando no sea para hacer proselitismo de la superstición en cualquiera de sus variantes. Todos ganamos con el intercambio fomentando la discusión racional.

No hay nadie más ignorante e inútil que aquel, que de rodillas y con los ojos cerrados busca una respuesta.


PARA SU INFORMACIÓN: Los ateos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.

Red Atea

Red de blogs AteosMagufos, Blogs de escepticismo y ciencia

Buscar este blog

17 de marzo de 2026

Los científicos religiosos son como atletas con una mochila de piedras a la espalda


Quizás una de las más extrañas paradojas de la siempre compleja mente humana es la existencia de científicos religiosos, personas que en su quehacer diario se atienen a lógica más rigurosa mientras que por otra parte luego, al salir del laboratorio son capaces de asumir las más disparatadas alucinaciones.

Un investigador es una persona que día tras día se afana en su trabajo en desentrañar la realidad: estudiando, pensando, razonando, proponiendo hipótesis y realizando experimentos y estudios del más variado tipo para con un poco de suerte extraer conclusiones sobre cómo funciona el mundo. 
 
Sin embargo cuando el científico es una persona religiosa, después de su habitualmente larga y más que agotadora jornada laboral acude a su iglesia, mezquita, sinagoga o templo a rendir necio homenaje al dios cocodrilo, a cercenar de la manera más sádica un pedazo del pene de su vástago recién nacido para mostrar la debida  devoción, a asumir estúpidamente que una zarza ardiente hecha a sí misma una paloma sideral violó a una virgen judía, a dejar morir criminalmente a su hijo en el caso de que necesitara una transfusión sanguínea como sacrificio porqué así está escrito en un viejo y mohoso libro que recopila las más dementes alucinaciones, a asegurar estúpidamente que los humanos somos solo un experimento genético de alienígenas todopoderosos o a creerse ignorantemente que un beduino pederasta subió al cielo montado en un blanco corcel.

Y ya si encima el investigador es una mujer, tiene además que considerarse a sí misma un ser impuro, pecaminoso y prácticamente débil mental que, aunque pueda estar desentrañando durante su jornada laboral los misterios más complejos del Cosmos o de la Naturaleza, necesitará en todo momento del siempre sabio consejo paterno o marital para poder desenvolverse en el actual mundo hipertecnológico con unas más que estúpidas reglas ideadas por unos analfabetos dementes que vivieron hace 300 o 3.000 años.

Es por ello que el célebre científico Jacques Monod afirmara en su momento (más que acertadamente) que un investigador religioso es tan solo un esquizofrénico que como el inmortal personaje dual de Stevenson de lunes a jueves es un Dr. Jekyll cerebral y racional, mientras que los viernes, sábados o domingos (que ya sabemos que cada deidad tiene su particular día) se convierte en un patético Mr. Hyde, estúpido a más no poder y capaz asumir los mayores sandeces.

Aunque quizás existan otras buenas analogías basadas en el deporte. Así, los investigadores serían como esos atletas de élite que se preparan concienzudamente y aprovechan todas sus cualidades al máximo para sobrepasar todos sus límites, mientras que los científicos religiosos serían equivalentes a los atletas paralímpicos, hacen lo que pueden para practicar su afición intentando sobreponerse a sus más que severas taras: físicas en los atletas y mentales en los científicos. 

O quizás mejor, los científicos ateos son como los atletas normales, mientras que los investigadores religiosos serían el equivalente a unos locos deportistas que decidieran competir en las Olimpiadas llevando un saco de piedras de 8 o 14 quilos a la espalda, quizás alguno de estos últimos consiga una medalla, pero entonces ¿qué no hubiera podido conseguir sin esa pesada carga?


Algo así es lo que le debió pasar al más que brillante Newton. Uno de los más grandes genios que ha dado nunca la Humanidad pero que, a pesar de haber dedicado gran parte de su tiempo y su esfuerzo a la infructuosa y más que imposible justificación  de su cristianismo (mucho más tiempo y empeño que a la Ciencia), hoy en día se le recuerda únicamente por sus más que encomiables logros científicos y ya nadie se acuerda de sus delirantes y más que estériles devaneos religiosos. 
 
Inciso: ni siquiera su brillante mente fue capaz de encontrar lógica alguna al sinsentido cristiano de si dios es uno, es trino o el infinito. Así que ¿qué no hubiera conseguido este genio si hubiera sido educado en el más que sensato racionalismo ateo, pudiendo entonces haber dedicado todo su tiempo y su más que privilegiada mente al pensamiento científico sin esa estéril búsqueda de las más que inexistentes “leyes” bíblicas que le obsesionaron durante toda su vida?





No hay comentarios:

Publicar un comentario