Filósofos y teólogos llevan milenios embarrados en la búsqueda de algo que, como la neurociencia está demostrando, no es ni más ni menos que el resultado (todo lo complejo que se quiera) de la interacción de miles de millones de neuronas entre sí y con nuestro entorno.
Porque como muy bien sentenció hace tiempo el famoso Premio Nobel Francis Crick:
Y todo ese ya demasiado viejo asunto sobre mente y alma no es más que un lejano (pero más que peligroso) error provocado por la defectuosa forma de pensar de esos primates bípedos que con mucha ignorancia y más prepotencia tienden siempre a "pensar" que son algo excepcional dentro de una Naturaleza que ha demostrado sobradamente que tan solo somos una especie más, ni mejor, ni peor que el resto de las decenas de millones que conforman el maravilloso árbol de la vida.

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