Desde siempre, la egocéntrica humanidad ha tenido la dogmática visión de que la
religión es un hecho totalmente ajeno a la comprensión y que la ciencia no
tiene nada que aportar, pero por supuesto esta irracional y errónea afirmación
está cada día más alejada de la realidad.
A lo largo de los milenios filósofos, pensadores y teólogos nos han
hablado de la religión como un ente misterioso emanado, casi como por arte de
birlibirloque, de la “voluntad” de cualquiera de los múltiples dioses
inventados por los más delirantemente imaginativos miembros de nuestra especie, pero por
supuesto esto no deja de ser una ignorante e interesada visión por quienes
quieren que continuemos sumidos en la más irracional y atrasada ignorancia. Porque lo cierto es que la religión, como cualquier otra faceta humana tiene
una explicación racional sujeta al análisis, eso sí científico y no esas vacuas cuando
no interesadas elucubraciones de creyentes y teólogos.
Y un buen ejemplo es el un estudio publicado hace ya algún tiempo en la prestigiosa revista PNAS, en donde investigadores
de medio mundo abordaron el complejo tema de la religión desde un punto de
vista ecológico, como no podía ser de otra manera ya que en realidad los sapiens somos otro primate más.
Así los científicos encontraron que la religión, lejos de ser
un fenómeno externo e impuesto al ser humano, tiene profundas imbricaciones adaptativas dentro del marco ecológico y del siempre ateo evolucionismo. Al
estudiar las más diversas culturas y religiones encontraron una fuerte
correlación entre el tipo de religión y la ecología en donde viven el grupo de
creyentes.
Así las
sociedades que viven en lugares más inhóspitos, en donde es más difícil la
supervivencia y en donde el agua, la comida y los recursos en general son más
escasos y difíciles de conseguir tienden a tener religiones con dioses más
estrictos y moralizantes que aquellos grupos que viven en entornos donde los
recursos son más abundantes. Es decir, en donde la supervivencia es difícil se
necesita una sociedad totalmente rígida y cohesionada y en donde la libertad de
pensamiento no tiene cabida. Mientras que las sociedades con recursos y riqueza
abundantes se pueden permitir tolerar la diversidad de opiniones en particular
y la disidencia en general. Algo que correlaciona claramente con el actual mundo occidental, en donde los países con mejores servicios sociales, mayor igualdad y justicia social tienden a tener unos dioses tan laxos que ya ni siquiera existen.
Y en este contexto, un ejemplo paradigmático que se encuadraría perfectamente con
este estudio sería el mundo juedocristiano, mientras estuvo ligado al duro
entorno de Judea era un religión intolerante con un dios colérico y egomaníaco
que al extenderse por el rico Imperio Romano se convirtió en una religión más
amable, con un dios más misericordioso y menos vengativo. Explicaciones más prosaicas
pero más ciertas y totalmente alejadas de los “elevados” motivos con los que los
sotanados de turno llevan siglos haciendo proselitismo.


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