29 de enero de 2026

La ecología determina la religión ¡y nada de dioses ni otras monsergas!

Desde
 siempre, la egocéntrica humanidad ha tenido la dogmática visión de que la religión es un hecho totalmente ajeno a la comprensión y que la ciencia no tiene nada que aportar, pero por supuesto esta irracional y errónea afirmación está cada día más alejada de la realidad.
 
A lo largo de los milenios filósofos, pensadores y teólogos nos han hablado de la religión como un ente misterioso emanado, casi como por arte de birlibirloque, de la “voluntad” de cualquiera de los múltiples dioses inventados por los más delirantemente imaginativos miembros de nuestra especie, pero por supuesto esto no deja de ser una ignorante e interesada visión por quienes quieren que continuemos sumidos en la más irracional y atrasada ignorancia. Porque lo cierto es que la religión, como cualquier otra faceta humana tiene una explicación racional sujeta al análisis, eso sí científico y no esas vacuas cuando no interesadas elucubraciones de creyentes y teólogos.

Y un buen ejemplo es el un estudio publicado hace ya algún tiempo en la prestigiosa revista PNAS, en donde investigadores de medio mundo abordaron el complejo tema de la religión desde un punto de vista ecológico, como no podía ser de otra manera ya que en realidad los sapiens somos otro primate más. 
 
Así los científicos encontraron que la religión, lejos de ser un fenómeno externo e impuesto al ser humano, tiene profundas imbricaciones adaptativas dentro del marco ecológico y del siempre ateo evolucionismo. Al estudiar las más diversas culturas y religiones encontraron una fuerte correlación entre el tipo de religión y la ecología en donde viven el grupo de creyentes. 
 
Así las sociedades que viven en lugares más inhóspitos, en donde es más difícil la supervivencia y en donde el agua, la comida y los recursos en general son más escasos y difíciles de conseguir tienden a tener religiones con dioses más estrictos y moralizantes que aquellos grupos que viven en entornos donde los recursos son más abundantes. Es decir, en donde la supervivencia es difícil se necesita una sociedad totalmente rígida y cohesionada y en donde la libertad de pensamiento no tiene cabida. Mientras que las sociedades con recursos y riqueza abundantes se pueden permitir tolerar la diversidad de opiniones en particular y la disidencia en general. Algo que correlaciona claramente con el actual mundo occidental, en donde los países con mejores servicios sociales, mayor igualdad y justicia social tienden a tener unos dioses tan laxos que ya ni siquiera existen.

Y en este contexto, un ejemplo paradigmático que se encuadraría perfectamente con este estudio sería el mundo juedocristiano, mientras estuvo ligado al duro entorno de Judea era un religión intolerante con un dios colérico y egomaníaco que al extenderse por el rico Imperio Romano se convirtió en una religión más amable, con un dios más misericordioso y menos vengativo. Explicaciones más prosaicas pero más ciertas y totalmente alejadas de los “elevados” motivos con los que los sotanados de turno llevan siglos haciendo proselitismo. 

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