Es completamente seguro que no existe una faceta humana más disparatadamente absurda que
la religión, esas absurdas creencias en vírgenes violadas por palomas extraterrestres, serpientes parlantes, gorrinos
endemoniados, beduinos pederastas que suben al cielo a lomos de un blanco corcel alado, dioses elefante o mono, tortugas que sujetan la Tierra con su
caparazón y demás absurdas sandeces que obligan a los miembros más iletrados y cortos de entendederas de
nuestra más que irracional especie de monos cabezones a afeitarse la
cabeza, a vestir ridículas vestimentas o cortarse el pene para,
supuestamente, tener contenta a la deidad de turno.

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