29 de noviembre de 2025

La esperanza del cielo es para los pobres

La religión no solo es el opio del pueblo, sino que es además la única esperanza para los más desfavorecidos.

Los más pobres, los que no tienen ninguna esperanza suelen ser las personas más religiosas. Y es algo explicable. Cuando todo está en tu contra, cuando el mundo es un lugar inhóspito, peligroso y desagradable el cerebro humano se aferra a una invención, que en realidad es tan solo un deseo imposible: la esperanza de que tras el abandono de este valle de lágrimas haya un lugar mágico llamado cielo en donde todo será felicidad, abundancia y gozo.

Y la contraparte también es cierta, aquellos que creen en el cielo están más dispuestos a soportar dolor, sufrimiento o injusticias porque lo ven como una forma de ganar puntos para la dicha eterna y les da un propósito en sus desgraciadas vidas.

Y por supuesto esta mezcla de esperanza y fatalismo hace que las personas muy religiosas sean seres acomodaticios, capaces de soportar lo peor sin ni siquiera atreverse a cuestionarse las injusticias, porque si total solo les quedan unas décadas de terrible sufrimiento terrenal ¿para qué perder el tiempo en intentar luchar contra las iniquidades e infamias si creen que les esperan siglos, milenios y hasta millones de años de gozo? 

Es por ello, que las religiones son una manera muy efectiva de controlar a las masas y perpetuar los privilegios de unos pocos y las más sangrantes injusticias. 

Es por ello que como muy bien indicó el sagaz Napoleón:


 

 

 

 

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